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Plick y Plock

memorias sobre las conquistas de Bonaparte no han aumentadonuestras fuerzas
morales en el interior, nuestra potencia en elexterior.
Y además, ¡si se supiese de qué modo las costumbres marítimas son nuevasy
picantes! ¡qué pocas cosas hay tan singulares, curiosas y dignas deestudio como el
interior de un barco! ¿No es éste un resumen de todoslos conocimientos, de todas las
artes, de todas las industrias humanas?¿No es una obra que prueba a cuánta altura
puede elevarse nuestrainteligencia?
Sobre todo, constituyen un campo digno de estudio esas costumbres, esosafectos,
esos odios floreciendo sobre frágiles tablas, y esos caracterespuestos ásperamente de
relieve por el aislamiento, por la concentración;y esa fisonomía moral de un pueblo
acusada allí más vigorosamente que enparte alguna, porque, en aquella vida
incesantemente peligrosa, elhombre, menos gastado por las costumbres de una
civilización decrépita,reproduce más vivamente el tipo impreso a cada raza por la
Naturaleza.
¡Y los marineros!... ¡Qué estudio para el que los comprende, para el quesabe bucear
en la profundidad de sus almas! Es un pueblo poderoso ydébil a la vez: tan pronto
furioso como un soldado el día de pillaje,tan pronto tímido e ingenuo como un niño,
cuando la embarcación se meceperezosamente en la calma; en el mar, resistente a
todas las pruebas, elmarinero soporta las privaciones con un desdén, con una
firmezaestoicas; en tierra, sumergiéndose en todos los excesos, se entrega alplacer con
un ardor que se puede comparar más que con el vigor deorganización desplegado en
delirantes orgías: a bordo, durmiendo sobreel puente, corriendo en lo alto de un palo;
en tierra, llevando losrefinamientos y el lujo de la mesa hasta un grado inaudito,
disipandoen ocho días el fruto de dos años de ahorros forzosos.
Y en efecto, el marinero, ese pobre hombre, ¿no debe olvidar en unalegre festín,
que acaba con su oro, sus largos cuartos de noche[1]durante los cuales temblaba bajo la
escarcha? ¿y esas horas detempestad, cuando, balanceándose sobre una verga,
contemplaba sonriendoel remolino que amenazaba tragarle? ¿y esos días miserables
en que,prisionero en un lugar estrecho y malsano, ha carecido de aire, de agua,de pan,
de esperanza y de luz?...
¡Pobre hombre, mañana ya no tendrá más oro! ¡mañana no más vino humeantey
generoso, no más muelle cama, no verá ya a la muchacha riente y loca!¡mañana, no
más alegres espectáculos que ensanchaban su franco y jovialrostro, siempre
granujiento, enrojecido, radiante!...
¡Se acabó todo!
Mañana, pobre marinero, besarás a tu vieja madre entregándolaescrupulosamente
una parte sagrada de tus ahorros; porque una hermosahostelera de ojos brillantes, de
 
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