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Plick y Plock

Era, pues, el San Pablo que ardía; la noche era negra, el airetranquilo, el mar como
un espejo.
De pronto, un humo negro y bituminoso salió por las escotillas del navíocon
numerosos haces de chispas.
Y un grito penetrante... espantoso... que resonó a lo lejos, salió delinterior del San
Pablo, porque su tripulación veía la suerte que leestaba reservada.
—Ya empieza la música—dijo Kernok.
—Desafinan endiabladamente—respondió Zeli.
Bien pronto el humo, de negro que era, se convirtió en rojo vivo y porfin cedió el
sitio a una columna de llamas, que, elevándose entorbellinos de la escotilla principal,
proyectó sobre las aguas un largoreflejo de color de sangre.
—¡¡Hurra!!—gritaron los del brick.
Después, el incendio aumentó; el fuego, saliendo de las tres escotillasa la vez, se
unió y se extendió como una vasta cortina de fuego, sobrela cual la armadura y el
cordaje del San Pablo se dibujaban en negro.
Entonces, los gritos de los españoles agarrotados en medio de aquelhorno, fueron
tan atroces que los piratas, como a pesar suyo, lanzaronaullidos salvajes para ahogar
la voz desgarradora de aquellosinfortunados.
El incendio estaba entonces en toda su fuerza. Bien pronto las llamascorrieron a lo
largo del aparejo; los palos, no estando ya sostenidospor las cofas, crujieron y cayeron
sobre el puente con un estruendohorrible; por todas partes se veían jarcias
incendiadas, y aquelinmenso foco de luz parecía aún más deslumbrante en medio de
la nochesombría.
Los españoles ya no gritaban...
De pronto, la llama, hizo un amplio agujero en uno de los costados delbuque, el
palo mayor se abatió sobre el mismo lado, el San Pablo diouna fuerte bandada, se
inclinó sobre estribor, y el agua entró aborbotones en la cala.
Poco a poco, el casco del navío se fue hundiendo, fuera del agua noquedaba más
que el palo de mesana, el único que había quedado en pie,aislado sobre el agua, y que
alumbraba como una antorcha fúnebre...después el palo desapareció para elevar un
momento aún su blandóninflamado; pero bien pronto el agua se atorbellinó a su
alrededor y nose vio más que un ligero humo rojizo, después nada... nada más que
lainmensidad... la noche...
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