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Plick y Plock

El puente está enrojecido de sangre o de vino. ¡Qué importa! El tiempohuye rápido
a bordo de El Gavilán: todo es locura, arrebato, delirio.De prisa, de prisa, gozad de la
vida, que ella es corta. Los malos díasson frecuentes; ¡quién sabe si el de hoy no
tendrá mañana para vosotros!Divertíos, pues, asid el placer allá donde le encontréis.
No es ese placer moderado, decente, de alas doradas y azules, que separece a una
joven tímida y dulce; ese placer delicado que gusta desacudir su cabeza fresca y rubia
ante los mil espejos de un boudoir, ode desflorar con sus labios rosados una copa
llena de un licor helado;ese sibarita, en fin, que no quiere a su alrededor más que
flores,perfumes y pedrería, mujeres jóvenes y amables, música melodiosa y
vinosexquisitos. ¡No, pardiez! se trata de ese otro placer robusto y bestial,de ojo de
sátiro, de risa de demonio, que llena las tabernas y losbodegones, que bebe y se
emborracha, muerde y desgarra, golpea y mata ydespués rueda y se retuerce entre los
restos de una comida grosera,lanzando una carcajada que parece el aullido de un
chacal.
De prisa, de prisa, gozad de la vida, porque os digo que es corta.Gozad, pues, de la
vida a bordo de El Gavilán.
Era ya noche cerrada; los faroles que guarnecían los empalletadosesparcían una
viva claridad sobre el puente del buque, que Kernok habíahecho cubrir de mesas para
festejar su afortunada presa.
A la comida sucedieron las diversiones. El grumete Grano de Sal, despuésde
haberse frotado de alquitrán de los pies a la cabeza, habíaencontrado conveniente
revolcarse sobre un saco de plumas, de modo que,al salir de allí, parecía un volátil de
dos pies, sin alas.
Y qué placer el verle dar zancadas, voltear, saltar, danzar, enardecidopor los
aplausos de la tripulación, y excitado por los latigazos que elmaestro Zeli le
administraba de cuando en cuando para conservar suagilidad.
Pero de pronto uno de aquellos hombres, un bromista, creo que era unalemán,
queriendo que la fiesta fuese completa, aproximó una mechaencendida al penacho de
estopa que se balanceaba con gracia sobre lafrente de Grano de Sal...
Después el fuego se comunicó de la estopa a los cabellos, de loscabellos a las
plumas, y el acróbata improvisado, el desgraciado Granode Sal, absorbió tanto
calórico, que su piel se resquebrajó y crujióbajo su ardiente envoltura.
Al principio todos reían, hasta derramar lágrimas, a bordo delGavilán. Sin embargo,
como el grumete lanzaba gritos espantosos, unabuena alma, un alma compasiva,
porque las hay en todas partes, lo agarróy lo arrojó al mar diciendo: «Voy a
apagarlo.»
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