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Plick y Plock

L A P R E S A
...¡Vil metal!
BURKE.
...¡Es posible!
BALZAC.
—¡Diablo! ¡hermoso tiro! Ya ves, maestro Zeli..., la bala ha entradopor encima del
coronamiento y ha salido por la tercera porta deestribor. ¡Pardiez! ¡Melia, haces
maravillas!
Así decía Kernok, con un largo anteojo en la mano, y acariciando laculebrina aún
humeante que él mismo acababa de apuntar contra el SanPablo, porque este navío no
se había apresurado a izar su pabellón.
Esta era la bala que había matado a Carlos y a su esposa.
—¡Ah! ¡qué suerte!—repuso Kernok viendo el pabellón inglés que sedesarrollaba
en lo alto de uno de los palos del San Pablo—, ¡quésuerte! se da a conocer... ¡y dice
de qué país es! pero no meequivoco... un inglés; es un inglés, y el perro se atreve a
señalarlo ¡yno tiene un cañón a bordo! ¡Zeli, Zeli!—gritó con voz de trueno—,
hazlargar todas las velas del brick y preparar los remos; dentro de mediahora
estaremos cerca de él. Usted, oficial, toque zafarrancho decombate, envíe a los
hombres a sus piezas y distribuya los sables y laspicas de abordaje.
Después, lanzándose hacia una carronada:
—¡Muchachos! si no me equivoco, ese navío llega del mar del Sud; en esapopa
corta y achatada, en ese porte, reconozco una navío español oportugués que se dirige
a Lisboa, ignorando sin duda que hemos declaradola guerra a los ingleses. ¡Allá él!
Pero ese perro debe tener piastrasen el vientre. Pronto lo veremos, ¡pardiez!
¡Muchachos! el casco sólovale veinte mil piastras; pero, paciencia, El Gavilán
extiende su alasy bien pronto mostrará sus uñas. ¡Vamos, muchachos! ¡remad,
remadfirmes!
Y animaba con la voz y con el gesto a los marineros que, encorvados bajolos largos
remos del brick, doblaban la velocidad que le daba la brisa.
Otros marineros se armaban precipitadamente de sables y puñales, y elmaestro Zeli
hacía disponer los garfios de abordaje.
Kernok, después de haber tomado todas sus disposiciones, descendió alsollado y
encerró a Melia que dormía en la hamaca.
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