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Plick y Plock

inscribirse como profeso, en su orden,estimando que las mismas circunstancias
llevarán sin duda un día a losmismos resultados.
Un certificado de vida literaria es, pues, toda la ambición del autor.
Dicho esto, continuemos.
Antes de Cooper, hubiera tenido, quizá, la audacia de intentar interesaral público
francés en las costumbres, en los caracteres que nodespiertan en él ninguna simpatía.
Ignorante, además, de las costumbresmarítimas, le sería verdaderamente imposible
apreciar la exactitud delos cuadros que se desarrollaran ante sus ojos.
Por la topografía de su país y gracias a su política, los americanosestaban llamados,
mejor que nadie, a comprender todo el alcance delgenio de Cooper. ¿Es que no hay en
sus creaciones más que una obra deartista? ¿No existe un profundo pensamiento
patriótico en el género queha encontrado? Este género es una expresión de los deseos,
de lasnecesidades, de la potencia de los Estados Unidos; es la historia de losEstados
Unidos dramatizada.
Por ello, ved si de Nueva Orleáns a Boston hay un corazón que no lata,una frente
que no se coloree, cuando se leen esas bellas páginas en lasque se pintan las luchas de
esa salvaje y vigorosa América, cuyareligión fue la de permanecer libre bajo su
hermoso cielo, en medio desus ricas selvas, sobre su suelo virgen, y de rechazar hasta
su brumosaisla a la aristocrática Inglaterra, llena de prejuicios, abrumada porsus
viejos sistemas de colonización.
A causa de nuestra indiferencia por el mar, nuestras glorias navalesson casi
ignoradas en París. Bonaparte había visto que le era imposibleluchar directamente con
Inglaterra. Le era necesario reunir a cadamomento todas sus fuerzas para aplastar al
enemigo en el continente. Sila marina tuvo una plaza secundaria en sus
combinaciones, fue porque pordos veces sus almirantes perdieron los navíos de
Francia, y porque, paraservirnos de una de las expresiones de Napoleón, una flota no
seimprovisa como un ejército. Por esta causa, a pesar de algunosadmirables combates
parciales sostenidos por nuestros marinos, la famano ha tenido voz más que para
celebrar la gloria de nuestro ejército detierra.
Y esto fue una grave injusticia como arte y como política.
Como política, porque la mayoría de los hombres creen lo que leen,porque los
relatos de nuestras victorias marítimas, adornadas por laliteratura, poetizadas,
exageradas quizás, hubiesen acabado por darnos anosotros mismos una idea de
nuestra importancia marítima. Estesentimiento se hubiera infiltrado entre las masas en
Francia y en elextranjero; esta fe nacional hubiese producido grandes resultados,
sinduda; porque se equivocaría, creo, el que pensase que las historias, lasnovelas, las
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