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Gatsby
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R E G R E S O
¡Hola!
¿de
dónde
viene
usted,
bello
señor,
con
la
cabeza
desnuda...
el
cinturón
colgando?...
¡Qué
palidez!...
amigo...
¡qué
palidez!
Words-Vok.
Aunque hubiese desahogado un poco su cólera en Grano de Sal, el maestroZeli
continuaba midiendo a zancadas el puente, levantando de cuando encuando el puño y
los ojos al cielo, y murmuraba palabras que eraimposible tomar por una piadosa
invocación.
De pronto, fijando una atenta mirada sobre la entrada del puerto, sedetuvo, asió un
anteojo que había cerca de la bitácora y, aproximándoloal ojo izquierdo, exclamó:
—Por fin, por fin, ¡qué suerte! ya está aquí, sí, es él... ¡Vaya unamanera de remar!
¡Vamos, firme, bravo, muchachos! ¡doblad, y podremosaprovechar la brisa y la
marea!
Y el maestro Zeli, olvidando que era difícil hacerse oír a dos tiros decañón de
distancia, animaba con la voz y con el gesto a los marinerosque conducían a bordo a
Kernok.
Por fin el bote se acercó al brick y atracó a estribor. El maestro Zelicorrió a la
escala a dar el silbido que anunciaba al capitán, y, con elsombrero en la mano, se
dispuso a recibirle.
Kernok subió con agilidad por la banda del brick y saltó sobre elpuente.
El contramaestre quedó impresionado de su palidez y de la alteración desus
facciones. Su cabeza desnuda, las ropas en desorden, la vaina sinpuñal que pendía a
su cintura, todo anunciaba un acontecimientoextraordinario. Por esta razón Zeli no
tuvo el valor de reprochar a sucapitán una ausencia tan prolongada y se acercó a él
con un aire deinterés respetuoso.
Kernok abarcó el brick con una mirada rápida y vio que todo estaba enorden.
—Contramaestre—dijo con una voz imperiosa y dura—, ¿a qué hora es lamarcha?
—A las dos y cuarto, capitán.
—Si la brisa no cesa, aparejaremos a las dos y media. Haga izar elpabellón y
disparar el cañonazo de partida; vire al cabrestante,desaferre, y cuando las áncoras
estén a pico, avíseme. ¿Dónde están eloficial y el resto de la tripulación?
—En tierra, capitán.

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