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Plick y Plock

Los cabellos de Kernok se erizaban sobre su cabeza; con las dos manoshacia
adelante, el cuello tendido, como fascinado por aquella miradapálida y siniestra,
escuchaba respirando apenas, dominado por un podersuperior a sus fuerzas.
—Kernok—dijo por fin la bruja con una voz débil y entrecortada—,tira, tira ese
puñal, porque hay sangre en él; sangre de ella y deél.
Y la vieja sonrió de una manera espantosa; después, poniendo el dedosobre su
cuello:
—La has herido ahí... y sin embargo, aun vive. Pero no es eso todo...¿Y el capitán
del barco negrero?
El puñal cayó a los pies de Kernok; se pasó la mano por su frenteardiente y se
apretó las sienes con tal fuerza, que la huella de susseñas quedó impresa en ellas.
Apenas si se sostenía y tuvo que apoyarsecontra el muro.
Ivona continuó:
—Que hayas arrojado al mar a tu bienhechor después de haberle dado depuñaladas,
pase; tu alma irá a Teus; pero que hayas herido a Melia sinmatarla, eso está mal;
porque para seguirte, ella ha abandonado esebello país donde se crían los venenos
más sutiles, donde las serpientesjuegan y se enlazan a la claridad de la luna,
confundiendo sus silbidos,donde el viajero oye, estremeciéndose, el estertor de la
hiena, quegrita como una mujer a la que se estrangula; ese bello país, donde
lasvíboras rojas producen unas mordeduras mortales, que llevan en las venasuna
sangre que las corroe.
E Ivona retorcía sus brazos, como si ella hubiese experimentado aquellasatroces
convulsiones.
—¡Basta, basta!—dijo Kernok, que sentía que su lengua se pegaba alpaladar.
—Has herido a tu bienhechor y a tu amante; su sangre caerá sobre ti,¡tu fin se
aproxima! ¡Pen-Ouët!—llamó en voz baja.
A esta voz sorda y ronca, Pen-Ouët, al que se hubiera creídoprofundamente
dormido, se levantó en una especie de acceso desomnabulismo, y se sentó en las
rodillas de su madre, que tomó sus manosentre las suyas, y, apoyando su frente contra
la del idiota, dijo:
—Pen-Ouët, pregunta el tiempo que Teus le concede de vida... En nombrede Teus,
respóndeme.
El idiota lanzó un grito salvaje, pareció reflexionar un instante,retrocedió un paso e
hirió el suelo con la cabeza de caballo que siemprellevaba.
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