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Plick y Plock

(El carnicero se retira en medio de los aplausos de la multitud; elverdugo recoge
cuidadosamente el dinero, va hacia el gitano, le agarrael brazo y le corta la mano.)
LA MULTITUD.—¡Bravo! ¡muera el hereje!
EL GITANO.—Creí que esto era más doloroso.
EL SACERDOTE (con voz sonora y fuerte).—Era culpable ante loshombres, pero este
martirio le absuelve ante Dios.
BLASILLO (precipitándose sobre la mano ensangrentada y guardándolabajo su
capa).—Sacerdote, no lo dices todo, ¡esa sangre caerá sobreellos! Adiós, comandante,
aun me hace falta fuerza para vengarte; mevoy, porque un minuto más me mataría.
(Blasillo desaparece entre lamultitud.)
Como el momento se acerca, se hace un profundo silencio.
El sacerdote se arroja en los brazos del condenado; el verdugo seaproxima y pone al
cuello de la víctima la argolla; aprieta después eltorniquete que hay en la parte
posterior y oprime violentamente elcuello del paciente. Una vuelta más, y el gitano
queda estrangulado; enaquel momento el sacerdote le echa un velo a la cara, y cae a
sus piesrezando; la multitud aplaude de nuevo y se retira satisfecha. Por latarde,
cuando ya el sol se oculta detrás de la torre de la Aduana, elalcalde volvió al cadalso,
donde habían dejado el cuerpo delajusticiado. Allí se descubrió, sin que el gitano
correspondiera a suatención, y entonces los ayudantes del verdugo arrojaron su
cuerpo almuladar, donde fue devorado por los perros.
XIV
M A E S T R O P L O C K
¡La venganza! placer de los hombres.
Creo que fue a una de esas calles de Tánger, sucias, estrechas yfangosas, bordeada
por altas casas sin aberturas, tal vez la calle deMoab'd'hal, a donde Blasillo se dirigió
después de una feliz travesía.Muchos días habían transcurrido ya desde la muerte del
gitano, y latartana, siempre oculta en su impenetrable retiro, había podido
escapartanto más fácilmente, por cuanto todo Cádiz la creía hundida; de modoque a
Blasillo le fue muy fácil franquear la distancia entre Cádiz yTánger.
En aquella sucia y fea calle, los árabes se entregaban a sus juegosfavoritos y sobre
todo a la caza de los armenios, de modo que así queuno de ellos se atrevía a sacar la
cabeza a la puerta de su casa, caíasobre él una lluvia de balas.
 
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