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Plick y Plock

con unpoco menos de violencia, pero la noche era clara; colocose un buenmarinero en
la barra del timón para evitar la deriva, y continuó laembarcación con rumbo al Oeste.
Hacía algún tiempo que se dejaban llevar en esta dirección, cuando elmarinero de
guardia gritó:
-¡Barco a estribor!
Se precipitaron todos a la luz de los faroles y pudieron ver a latartana
completamente desmantelada, ¡a la tartana que perseguían desdela víspera! ¡a la
tartana causa primera de todos sus desastres!
—¡Por fin!—aulló el capitán—, la Santa Virgen nos protege y Dios esjusto. ¡Vas a
pagar, maldito, la muerte de nuestros hermanos!
Y a pesar de la impetuosidad del viento, intentó sesgar.
VIII
L A « U R N A D E S A N J O S É »
¿Por miedo?... No, señor...
CALDERÓN.
—¡Santiago! ¡Santiago!—gritó el capitán de la Urna de San José—.¡Santiago! haz
que los artilleros ocupen sus piezas.
—Capitán... yo...
—¡Cualquiera diría que tiemblas!...
—No, capitán, pero el levante ha alterado mis nervios...
—¡Por Cristo! ¿Qué se diría si se viese al teniente del navío que yomando temblar
como una gaviota entre un temporal? Vamos, artilleros, avuestras piezas; ¡y vosotros,
rumbo hacia la tartana, que Satanásconfunda! Cuando hayamos cambiado de
disposición le largaremos unaandanada. ¡Que Dios me ayude!... el levante cede...
¡Ah! ¡por la Virgen!¡será una hermosa fiesta para el pueblo de Cádiz verte entrar
conhierros en las manos y en los pies, con tu tripulación de demonios,perro
maldito!—decía el honrado Massareo mostrando el puño a la tartanadesamparada,
silenciosa y sombría, que se balanceaba al movimiento delas olas.
Sí, sí—continuó Massareo—, ¡por San José! ¡conozco tus astucias! temeneas
menos que una boya para que me ponga a tu alcance... Entonces túarrojarías, a mi
pobre barco una andanada de azufre que nos haría arderlindamente... ¡o me jugarías
alguna otra pasada diabólica! Pero Diosprotege al viejo Massareo. Más de una vez ha
 
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