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Pepita Jimenez

Se reduce el epílogo a una colección de cartas, dirigidas por D. Pedrode Vargas a su hermano
el señor deán, desde el día de la boda de su hijohasta cuatro años después.
Sin poner las fechas, aunque siguiendo el orden cronológico,trasladaremos aquí pocos y
breves fragmentos de dichas cartas, y puntoconcluido.
Luis muestra la más viva gratitud a Antoñona, sin cuyos servicios noposeería a Pepita; pero
esta mujer, cómplice de la única falta que él yPepita han cometido, y tan íntima en la casa y tan
enterada de todo, nopodía menos de estorbar. Para librarse de ella, favoreciéndola, Luis
halogrado que vuelva a reunirse con su marido, cuyas borracheras diariasno quería ella sufrir. El
hijo del maestro Cencias ha prometido novolver a emborracharse casi nunca; pero no se ha
atrevido a dar un nuncaabsoluto y redondo. Fiada, sin embargo, en esta semi-promesa,
Antoñonaha consentido en volver bajo el techo conyugal. Una vez reunidos estosesposos, Luis
ha creído eficaz el método homeopático para curar de raízal hijo del maestro Cencias, pues
habiendo oído afirmar que losconfiteros aborrecen el dulce, ha inferido que los taberneros
debenaborrecer el vino y el aguardiente, y ha enviado a Antoñona y a sumarido a la capital de
esta provincia, donde les ha puesto de subolsillo una magnífica taberna. Ambos viven allí
contentos, se hanproporcionado muchos marchantes, y probablemente se harán ricos. Él
seemborracha aún algunas veces; pero Antoñona, que es más forzuda, lesuele sacudir para que
acabe de corregirse.
Currito, deseoso de imitar a su primo, a quien cada día admira más, ynotando y envidiando la
felicidad doméstica de Pepita y de Luis, habuscado novia a toda prisa, y se ha casado con la hija
de un ricolabrador de aquí, sana, frescota, colorada como las amapolas, y quepromete adquirir en
breve un volumen y una densidad superiores a los desu suegra doña Casilda.
El conde de Genahazar; a los cinco meses de cama, está ya curado de suherida, y según dicen,
muy enmendado de sus pasadas insolencias. Hapagado a Pepita, hace poco, más de la mitad de la
deuda; y pide esperapara pagar lo restante.
Hemos tenido un disgusto grandísimo, aunque harto le preveíamos. Elpadre vicario, cediendo
al peso de la edad, ha pasado a mejor vida.Pepita ha estado a la cabecera de su cama hasta el
último instante, y leha cerrado los ojos y la entreabierta boca con sus hermosas manos. Elpadre
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