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Peñas Arriba

con Facia y me complacía en ver cómo, creyéndoseya, en virtud
de las noticias traídas por el juez municipal de marras, yde mis
subsiguientes reflexiones, libre para siempre de la cruz quetanto
la había oprimido, y dando por guardado en el fondo de
unasepultura el secreto de lo que podía ser afrenta para su hija,
iba lapobre mujer tornando a la vida, y recobrando poco a poco
las extenuadasfuerzas de su espíritu, llorando y rezando a la vez
por el hombredesventurado, muerto con el alma manchada de
negras intenciones, trasuna vida azarosa y criminal; gozábame
también en descifrar en elimpenetrable continente de Chisco
ciertos confusos caracteres quedelataban en los adentros de su
pechazo un regocijo manso y profundodesde la herencia de la
«pilá de onzas», y en tirarle de la lengua parasaber cómo andaba
desde entonces en sus tratos y amistades con lafamilia del
Topero, el cual, según mis noticias, se había humanizadomucho
con él y hasta «le echaba memoriales con los ojos» y aun
conalgunas indirectas demasiado insinuantes; interesábame de
veras PitoSalces, que andaba amurriadote y receloso temiendo
que hubieran cambiadolas buenas disposiciones de Tona hacia él
desde que era rica por sumadre, y hasta por sí propia, tomando
el pobre por desdenes el pasmo,muy natural, en que cayó la
mozona en aquellos días de lances gordos;salía de casa algunas
veces para ventilar un poco las ideas y estirarlos miembros
entumecidos, aunque hallaba siempre el suelo como unaesponja
encharcada, y frío el sol que iluminaba el valle, mientras
mesegaba las barbas el ambiente que no apagaba una cerilla, y
tenía quevolverme a mi agujero sin haberme atrevido a
descender el pedregal pordonde querían conducirme los
impulsos de mi necesidad de departir conalguien que me
comprendiera; tramábala con Chisco después, o con elprimero
que se me pusiera por delante, y, en fin, hasta
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