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Peñas Arriba

Pero hubo tiempo y oraciones para todo y para todos; porque
tras el rezopor el alma de su padre, rezó por la de su madre, y
después por las deabuelos, y enseguida por las de todos sus
parientes, y luego por las decada uno de los míos, y, finalmente,
por las necesidades de lacristiandad entera. Con ello, «una Salve
a la Virgen de las Nieves» yun «Viva Jesús sacramentado»,
santiguámonos, cubrímonos, acabó de cerrarla noche y nos
dispusimos a continuar la interminable jornada.
Según Chisco, nos faltarían, para terminarla, tres cuartos de
hora; elcamino, «por el arte» del que habíamos andado entre el
Puerto y lavadera; pero siempre bajando hasta la misma puerta
de casa, lo cual «erauna ventaja», porque se andaba ello solo
«tan guapamente». Además, micaballo se le sabía de memoria, y
con dejarme llevar por él, estaba «alcabo del negocio».
—Corriente—dije a Chisco por todo comentario a sus
informes, que medieron escalofríos—; pero ¿de qué se
espantaron los caballos en elPuerto, y por qué me aconsejabas tú
que picara al mío de firme?
—Y ¿por qué es la pregunta a estas horas, si se pué saber?—
preguntó asu vez el espolique, no poco sorprendido.
—Porque ha vuelto a clavárseme el caso de repente, ahora
mismo, en lamemoria, y la ocasión me ha parecido de perlas
para que respondas aquílo que no quisiste responderme en el
Puerto.
—Pos espantáronse—dijo Chisco algo roncero todavía—;
espantáronse (yno hay por qué se niegue ya), espantáronse... del
osu.
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