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Peñas Arriba

¿De qué madera tehas pensado que soy yo? Me levantaré... o no
me levantaré, conforme ysegún me vea de agallas; pero no
porque se le antoje así o asao a ningúnenterrador de vivos...
porque enterrar en vida es ¡cuartajo! tener en lacama días y días
a un hombre como yo, sin calentura ni dolores.
Al cabo se entregó, más que por convencimiento, por falta de
fuerzaspara salirse con la suya; pero volvió la cara hacia la
paredrefunfuñando protestas e improperios como un chiquillo
contrariado.
Despachado este asunto y mientras íbamos a ver a Chisco,
decía yo almédico que acaso tuviera razón mi tío en su porfía
con nosotros. ¡Eratan extraordinaria su naturaleza!
—No hay naturaleza que valga—me respondió Neluco—, a
cierta edad dela vida y con determinadas enfermedades.
—Pero ¿tan grave es ésta que padece mi tío?—le pregunté.
—Ya le he respondido a usted en otra ocasión a esa pregunta.
—Efectivamente.
—Pues aténgase usted a ello, y sírvale de gobierno para su
mejorinteligencia, que de cada cien enfermos de esta clase, aun
siendo mozos,se mueren... ciento y uno; conque figúrese usted si
habrá que andar concuidado, siquiera para detener la muerte de
don Celso unos cuantos días.Lo que aquí se necesita ahora para
disciplinarle un poco, es organizarla asistencia modificando al
propio tiempo la vida de este hogar. Ustedno puede acomodarse
a ciertas faenas, impropias de sus hábitos y hastade su
naturaleza; Facia es la estampa de la melancolía, y su hija
Tonaincapaz de suplir con la más cariñosa de las solicitudes, la
habilidad yel pulimento que le faltan. Además, ni la madre ni la
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