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Peñas Arriba

desde elpunto y hora en que nací. Tu padre, como más
necesitado, echóse almundo, y rodando mucho por él, adquirió
buenos caudales y una mujer queno había oro con qué pagarla.
De esta traza me la pintó cuando vino adarme cuenta de sus
proyectos matrimoniales, y a tomar posesión, en purachanza, de
la pobreza que le correspondía por herencia libre de tusabuelos.
Fuese a los pocos días de haber venido, y no he vuelto nivolveré
a verle más en la tierra. Dios le tenga en eterno descanso.
»También yo me casé andando los días, y tuve mujer buena, e
hijos que elSeñor me iba quitando a medida que me los daba.
Con el último de ellosse llevó a su madre. ¡Bendita y alabada
sea su divina voluntad, hasta enaquello con que humanamente
nos agobia y atribula! Como aún no era yopropiamente viejo y
me sentía fuerte, y en estas angosturas y asperezasdel terruño
hallaban pasto y solaz abundante las cortas ambiciones de
miespíritu, aprendí a arrastrar con valentía la cruz de mis
dolores, yhasta logré olvidarme, tiempo andando, de que la
llevaba a cuestas:vamos, que me hice a la carga, y volví a ser el
hombre de buen contentary apegado a la tierra madre como la
yedra al morio. De tarde en tardenos escribíamos mi hermano y
yo, y de este modo supo él mis venturas ydesventuras, y yo tu
nacimiento y el de tu hermana, el casamiento deésta después con
un americano rico que se la llevó a su tierra, lamuerte de tu
madre y los rumbos que tomabas con los libros de las
aulas,según ibas esponjándote y haciéndote hombre.
»Una vez dio en faltarme carta vuestra más de lo
acostumbrado, que erabien poco, y la primera que tuve al cabo
de los meses fue tuya y paradecirme que tu padre se había
muerto de un tabardillo enconado, o cosapor este arte. Ausente
tu hermana y cargada de familia y de bienes en laotra banda,
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