Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Peñas Arriba

noche,cuando tanto y de cuenta propia tenía en qué emplear la
imaginacióndespués de lo ocurrido dos horas antes en el
aposento de mi tío. ¿Notiene cosas bien inexplicables la pícara
condición humana? Pero luego secambiaron las tornas y las
pagué todas juntas, como decirse suele,porque apenas pegué los
ojos en toda la noche, y eso que me había metidoen la cama
bastante descuidado por haber visto a mi tío en la
suyadurmiendo con la tranquilidad de un mozo. ¡Entonces sí que
vi con lospormenores más nimios, y con toda su luz y su cortejo
de premisas,deducciones y comentarios la escena de aquella
tarde! No pude averiguarsi en definitiva, el pensar tanto y tanto
en ella me resultaba grato ome mortificaba: matices había para
todo en el cuadro y en lospensamientos. Lo cierto fue que,
desazonado y nervioso con la batalla demis preocupaciones a
oscuras, encendí la luz, y que no bien la hubeencendido, me
acordé de los papeles que mi tío me había dado en sucuarto al
despedirnos, y había guardado yo después en un cajón de
lacómoda.
—Buen recurso—me dije—, para sobrellevar estas largas
horas deinsomnio.
Levantéme enseguida, cogí los papeles y me volví a la cama,
dispuesto aenterarme de ellos. Los principales eran tres: el
testamento de mi tío,un inventario de sus propiedades valoradas
en venta y renta, y unamemoria dedicada a mí, de letra suya, con
los renglones muy torcidos ybastante emborronada: estaba
firmada con fecha posterior a la deltestamento, y muy poco
anterior a la de la primera carta que me habíaescrito después de
enfermar.
Empecé por el testamento, que era largo y minucioso. Después
de lasmandas piadosas y benéficas, que eran muchas, entre ellas
Remove