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Peñas Arriba

infortunios de la vida, cada vez que vacila mipaso o los alientos
me faltan:
«Dominus dedit; Dominus abstulit.
Sicut Domino placuit, ita factum est».
J. M. DE PEREDA
Diciembre de 1894.
I
Las razones en que mi tío fundaba la tenacidad de su empeño
eran muyjuiciosas, y me las iba enviando por el correo, escritas
con mano torpe,pluma de ave, tinta rancia, letras gordas y
anticuada ortografía, enpapel de barbas comprado en el
estanquillo del lugar. Yo no las echabaen saco roto
precisamente; pero el caso, para mí, era de meditarse muchoy,
por eso, entre alegar él y meditar y responderle yo, se fue
pasandouna buena temporada.
La primera carta en que trató del asunto fue la más extensa de
las ochoo diez de la serie. Temía colarse en él de sopetón, y me
preparaba elcamino para sus fines, «tomando las cosas desde
muy atrás, y como si nostratáramos entonces, aunque de lejos,
por primera vez».
«Mucho le estorbaba la pluma entre los dedos», y bien lo
revelaban larudeza de los trazos, la desigualdad de las letras y
las señales de másde un borrón lamido en fresco o extendido
con el canto de la mano; «perocon paciencia y buena voluntad
se vencían los imposibles».
«Tus abuelos paternos—me escribía—, no lograron otros hijos
que tupadre y yo. Yo fui el mayorazgo, y como tal, aquí arraigué
 
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