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Peñas Arriba

—Pues ahora necesita usted hacer otra, aguas arriba.
Respondíle que ya la había hecho con el Cura en una ocasión
bastantereciente y de muy placentero recuerdo para mí.
Replicóme que con donSabas sólo había visto yo lo que le
convenía a él que viera para losfines que llevaba, y yo
necesitaba ver algo más, y aun estaba obligado aello: por
ejemplo, Promisiones.
—Atravesé todo el valle—respondí—, y conservo
perfectamente suaspecto general en la memoria.
—No es bastante—me replicó el médico—. En ese valle hay
un pueblo,que es el principal...
—Le vi también...
—De lejos.
—De lejos y de cerca tiene muy poco que ver.
—Exacto—dijo Neluco—; pero en ese lugarejo hay una casa
solariega...la de los Gómez de Pomar, sangre de rancio abolengo
que corre tambiénpor las venas de usted.
—Hombre—interrumpió aquí mi tío que estaba presente,
mientras Nelucose sonreía como si se burlara de las mismas
ponderaciones que ibahaciéndome, que veas a Promisiones, bien
está; que conozcas de vista lacasona de los Gómez de Pomar,
pase también; pero que lo que queda allíde esa sangre vieja
valga la pena de meter su jocico en aquel estragalun cabayeru
como tú... ¡pispaju! eso sí que lo niego a pies juntos.
—¡Pero si allí no queda gota de esa sangre, don Celso!—
replicó Neluco.
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