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Paternidad

torrecillas de la casa de la señora Liénard y decíaseque, sin
duda, en aquel mismo momento se encontraba el inspector
generalconversando con la joven y aprovechando la
ocasión para llevar a buentérmino sus propósitos
matrimoniales... A esta idea, un acceso de ira lehizo subir
la sangre a la cabeza mientras una angustia terrible
leoprimía el corazón. No pudo resistir más... Aunque
hubiese de serhorrendo el sufrir, quería de una vez acabar
con sus mortalesinquietudes y conocer toda la realidad de
sus angustiosas sospechas.Abandonó las alturas del bosque
y caminando por entre los herbajes sedirigió hacia la cerca
del parque.
III
Mientras la señora Princetot hablaba con su hijo y
arrojaba en su pechola mala semilla de los celos, el
inspector general, conmovido lo mismoque un muchacho
que acude a su cita primera, seguía a buen paso elcamino
de Rosalinda.
Se había vestido con más cuidado que de costumbre y su
andar era másfirme que otras veces... Vivamos en plena
lozanía juvenil o hayamos yamadurado como una fruta de
otoño, siempre que se trata del eternofemenino nos
sentimos prisioneros de las mismas ilusiones,
nosenloquecen las mismas dulces fantasías.
Caminando aprisa, Delaberge encontraba mayor frescor
en la verdura delos prados, un sabor mucho más dulce en el
aire que respiraba. Losargentinos sones de las campanas
del pueblo, volando por encima de losbosques, le mecían
 
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