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Paternidad

Tendió su mano al joven; éste tuvo un momento de
sorpresa o devacilación; luego tendió la suya y Delaberge
la estrechó con ademánamistoso. Después continuaron su
camino hablando tranquilamente de larepoblación de los
montes y no se separaron sino en la misma cocina delSol de
Oro, donde una criada les estaba aguardando medio
dormida.
* *
*
Subió Delaberge a su habitación, pero los incidentes de
aquella tarde letenían un poco excitado y no se sentía con
ganas de dormir. Abrió laventana que daba al jardín.
Hacia el otro extremo de la fachada vio una luz en una
ventana yrecordó que era aquélla su habitación, ahora
ocupada por SimónPrincetot. Poco después vio al joven
asomarse a la ventana y apoyado decodos en ella, soñar tal
vez, como él había hecho en días lejanos,enfrente de los
campos dormidos. Sin poder apartar sus ojos de esa
vagasilueta, el inspector general se dejó dulcemente
deslizar hacia lasmayores profundidades del recuerdo, y
escuchando los nocturnos rumoresde los campos y de los
bosques fue perdiendo poco a poco la noción delos días y
de los años...
El murmullo de las aguas ribereñas, el canto melancólico
de las ranas,el lejano rodar de un carruaje, todos esos
rumores resonabanmisteriosamente en el espacio y le
mecían con una música semejante a lamúsica de otros
tiempos.
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