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Paternidad

—Buenas noches, señor, y hasta otro día, pues irá usted
pronto aVal-Clavin... Vuelvo mañana a Rosalinda y aunque
seamos enemigos,administrativamente hablando, espero
recibir su visita durante suestancia en aquellos bosques.
Se inclinó en rápida reverencia ante Delaberge, corrió a
besar a laseñora Voinchet, saludó a todos y, lo mismo que
la Cenicienta al dar lamedia noche, salió casi corriendo del
salón, sin permitir que nadie laacompañase.
V
Francisco Delaberge se despertó con una sensación de
confusa alegría,según sucede cuando por la mañana se
conserva aún la impresión de unhermoso sueño
desvanecido; después, disipadas ya las últimas brumas
delensueño, se percató de que su vaga alegría era causada
por el recuerdode su conversación con la señora Liénard;
pero al propio tiempo recordóque aquel mismo día había de
regresar la joven viuda a Rosalinda y sualegría se
desvaneció al pensar en su prolongada residencia en
Chaumont.La pequeña ciudad le pareció más fría y más
triste que la víspera. Lasombra que la iglesia de San Juan
lanzaba sobre el húmedo patio de lacasa de Voinchet
parecía extenderse y penetrar hasta el fondo del almadel
inspector general... Esto le hizo tomar la resolución de
adelantartodo lo posible su partida.
Apenas estuvo vestido y arreglado, comenzó el examen
del expediente yrecogió todas las notas que creyó precisas,
en cuyo trabajo empleó todala mañana; después, acabado el
almuerzo y a pesar de las instancias desu amigo Voinchet,
 
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