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Paternidad

fría. Un fuerte viento delNoroeste impulsa grandes
nubarrones que se deshacen en lluvia sobre loscampos de
trigo, de cebada y de alfalfa que cubren con sus
variadosmatices las monótonas llanuras de la Brie. Las
gotas de lluvia pintanlos más extraños dibujos sobre los
cristales de un vagón de primeraclase en que va un solo
viajero quien parece preocuparse muy poco delmal tiempo.
Abrigadas las piernas por ancha manta y una gorrilla
sobrelos ojos, está absorto en la lectura de unos
documentos y en el examende unos planos que va sacando
de una gran carpeta puesta sobre losalmohadones y en la
que puede leerse esta inscripción: Bosques deVal-Clavin.
Petición de deslindes. Al través de la lluvia poco tienede
interesante el paisaje; pero, por la tensión de los músculos
de surostro y por la honda preocupación del viajero, se
adivina que seguiríadel mismo modo indiferente a lo de
afuera aunque llenara el sol elespacio todo y fuese el
paisaje mucho más pintoresco.
Es hombre de unos cincuenta años y, sin embargo, sus
movimientos sonligeros, ágiles; su vestir, muy cuidado y de
una eleganciairreprochable, le da un aspecto de plena
juventud. Sus rasgos son finosy correctos, en su barba
cortada en punta y en sus cabellos castaños seven
mezclados algunos hilillos blancos; el firme modelado de
su boca yde su nariz aguileña, con las dos arrugas
verticales que afirman suentrecejo, indican en él una fuerte
voluntad. Cuándo levanta un poco sugorrilla para limpiar
los cristales del vagón empañados por la humedad,se ven a
plena luz sus ojos, hermosamente azules y de mirar
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