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Paternidad

Los años han engordado al inspector provincial y han
quitado expresión asu fisonomía; la somnolencia de la vida
de provincia ha apagado la vivaluz de sus ojos; la
costumbre de tener que hablar y obrar siempre concierta
parsimonia ha quitado a su rostro toda expresión.
Rueda ya el coche carretera adelante y habla Voinchet de
nuevo.
—Mi mujer nos aguarda para almorzar... ¡Oh!... Un
almuerzo sencillo,después del cual podrás irte a
descansar... Te advierto, querido, queesta tarde te será
preciso sufrir una pequeña molestia... En honor tuyo,hemos
invitado a algunas personas a comer.
—¡Diablo!—murmura
Delaberge
visiblemente
contrariado.—No esperabaeso...
—Dispénsame, pero los periódicas han dado la noticia de
tu llegada... Yhabríamos dejado agraviadas a todas nuestras
relaciones si leshubiésemos quitado el placer de estar y de
hablar contigo algunashoras... No tienes idea, amigo mío,
de las suspicacias provinciales...Por otra parte, no seremos
muchos... Estarán el presidente del tribunal,el secretario
general de la prefectura, un segundo inspector y suesposa...
y nadie más.
—Ya son bastantes—dice Delaberge con sonrisa de
resignado.
—¡Ah! se me olvidaba... Estará también una amiga de mi
mujer, la señoraLiénard, la que principalmente hace uso de
los bosques de Val-Clavin...Quizás no te arrepientas de
hablar con ella, pues si logras hacerleentender la razón, este
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