Not a member?     Existing members login below:

Pasarse de Listo

Sentados todos de nuevo en el corro, el poeta favorito de la
Condesa, aquien llamaremos Arturo, dió conversación a Inesita,
sin que dejasen dehablar también con ella otros galanes.
Don Braulio, si bien sobresaltado ya y receloso de empezar a
hacersecélebre por su mujer, habló con los señores más serios y
machuchos.
Doña Beatriz y la Condesa de San Teódulo hablaron largo rato
entre sí yen voz baja, recordando su amistad antigua.
A los pocos minutos la Condesa había exigido de doña Beatriz
que sevolviesen a apear el tratamiento, que se volviesen a tutear
como ellarecordaba que allá en el pueblo se habían tuteado.
¿Por qué negarse a tamaña amabilidad? Las dos amigas se
tutearon enefecto. Ya recordará el lector lo campechana que era
Rosita de lugareña.De Condesa seguía lo mismo con quien lo
merecía.
—No acabo de comprender—decía Beatriz—cómo has podido
conocerme entretanta gente y después de tantos años.
—Hija mía—contestaba la Condesa—, yo tendré corto
entendimiento; perotengo mucha memoria y, sobre todo, mucha
y buena voluntad para aquellosa quienes estimo. Te hubiera
reconocido entre cien mil personas, sinantecedentes, sin estar
prevenida, sin aviso de que estuvieses tú entreellas. Además,
¿qué mérito hay en mí? Quien te ve una vez no es posibleque te
olvide.
—Gracias, gracias; me confundes con tus elogios indulgentes
ygenerosos.
Remove