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Pasarse de Listo

una persona querida, prevé los estragos que vaa hacer y no sabe
ni evitarlos ni remediarlos.
»De sobra veo patente el desprecio de mí que poco a poco va
entrando enel corazón de Beatriz y devorando el afecto que me
tiene. Pero ¿cómoimpedir esto? ¿Cómo probarle que valgo más
que los dichosos yencumbrados y ricos? Cuanto discurso haga
contra ellos parecerá sugeridopor la envidia y me hará más
despreciable a sus ojos.
»Si yo fuera joven, hermoso y robusto, me quedaría la
esperanza de quepor ello siguiese Beatriz amándome, aunque
dejase de tener elevadaopinión de mis prendas intelectuales;
pero estoy viejo y achacoso, y soyenclenque y feo como el
demonio. Me aplico, pues, con amargura aquellapregunta del
poeta:
¿Qué
le
queda
al
demonio,
¡vive
Cristo!,
Si se le quita la opinión de listo?
»Y sin vacilar respondo: Nada. Pronto no quedará nada para
mí en elcorazón de ella, sino ofensiva compasión, si no gasta
toda la que tieneen compadecerse a sí misma. Y más vale que no
me compadezca. Bien dicenuestro inmortal novelista: «Y sobre
todo, el cielo te guarde de quenadie te tenga lástima.»
»Yo estallaría, me ahogaría si no comunicase con alguien mis
penas. Poreso te las confío. Beatriz no advierte nada. ¿Cómo, de
qué, por cuálmotivo quejarme con ella y de ella?
»Yo la amo con toda mi alma, y necesito para ser feliz que ella
me amey me respete. Pero aquello de que el amor impone el
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