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Pasarse de Listo

El hombre era según se le habían descrito al Conde de
Alhedín: flaco,calvo, pequeño de cuerpo, nada bonito; y, aunque
sólo tenía cuarenta ycinco años, parecía tener diez más, porque
el trabajo, los cuidados ylos disgustos le habían envejecido.
Estaba vestido con limpieza ysencillez. Su rostro moreno tenía
admirable expresión de bondad y deinteligencia. Sus ojos
negros, única cosa bella que había en él,brillaban a cada mirada
con luz viva y penetrante. Sus mejillas,hundidas, estaban
surcadas de arrugas; pero en su boca, más bien grandeque
pequeña, había firmeza y brío, y sus labios delgados se plegaban
congracia, prestando animación a toda la fisonomía y dejando
ver doshileras de dientes blancos, sanos y bien puestos. La nariz
de donBraulio, aunque no deforme, era un si es no es acaballada
o de pico deloro.
Don Braulio venía muy fatigado, y a las pocas palabras que
habló con lasmujeres pensaron todos en retirarse a dormir.
La primera que salió de la sala fué doña Beatriz.
Don Braulio quedó un momento solo con Inesita. Acercóse
entonces a ellay le dijo en voz baja:
—Inés, tengo que cumplir con una comisión que para ti me
han dado. Tomaesta carta, guárdala y léela con detención y
reposo. El que la escribeexige que no hables con nadie de la
carta, sino conmigo si quieres.Hasta para tu hermana ha de ser
un secreto. ¿Lo entiendes? Hay ademásotra condición extraña.
La contestación que has de dar no se te admitehasta dentro de un
mes, y se te suplica al mismo tiempo que no retardesel darla más
de cuatro meses.
Don Braulio, dicho esto, puso la carta en manos de Inesita, y
se fué pordonde su mujer había ido, sin aguardar a que Inesita
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