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Pasarse de Listo

Sea como sea, ya de veras, ya valiéndose de tretas y de
recursos algosofísticos, ello es el caso que en los meses de julio,
agosto yseptiembre apenas queda en Madrid persona conocida.
Las personas que quedan, se dice en estilo culto, que no son
conocidas,para dar a entender que no son de la crema de la
sociedad; de la flor yla nata. Por lo demás, harto conocidas
suelen ser de los que se han ido,no pocos de los cuales, cabe en
los límites de lo verosímil, y a vecesde lo probable, que les
deban el dinero con que se fueron, o el calzadoo la vestidura con
que se engalanarán en los baños.
Tranquilicémonos, no obstante, y no compadezcamos a las
personas noconocidas que fiaron o prestaron. Ya lo cobrarán,
como es justo,incluyendo en el cobro todo lucro cesante y todo
daño emergente.
En suma, y sin meternos en más averiguaciones ni en honduras
económicaso crematísticas, Madrid en verano se queda sin su
aristocracia; se quedacomo acéfalo; se queda como jardín sin
sus más bellas flores; se quedacomo haza segada: parece un
barbecho de distinción y de finura.
Yo lo siento y lo extraño. Madrid, desde que vino el Lozoya,
ha ganadomucho, y no merece este abandono general cuando no
es verdaderamentenecesario tomar aguas o visitar la heredad o
hacienda propia, o cuandono se posee bastante dinero para viajar
por esos mundos como un nababo.
Aquí, en verano, digan lo que quieran los que no piensan como
nosotros,no hace más calor que en Biarritz o en San Sebastián;
aquí, en verano,hay no pocas diversiones, más o menos
inocentes, y no se emplea mal lavida.
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