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Pasarse de Listo

»Sobre el perdón, podrás contar con mi gratitud, si, a más de
devolvermecuanto antes el bien que me quitas, me le mimas y
regalas como él semerece, todo el tiempo que ahí permanezca.
»Mira que Braulio está muy delicado de salud. No le fatigues
llevándolea cazar. Procura que se cuide, porque es muy
descuidado.
»Nosotras, Inesita y yo, estamos en Madrid divertidísimas.
Todas lasnoches vamos de tertulia en casa de Rosita, la hija del
escribano deVillabermeja, que es ahora condesa, y una de las
mayores elegantas dela corte. A su casa no van, por lo común,
más señoras que nosotras; peroen cambio van muchos hombres
de los más distinguidos en letras, armas ypolítica. Hay allí la
mayor cordialidad. Parecen todos amigos íntimos ycariñosos.
Sin embargo, pocos días ha, dos de los tertulianos tuvieronun
duelo, y uno de ellos salió herido. Por fortuna, la herida fué
muyligera. No he podido averiguar la causa de este duelo. Todos
me hanafirmado que ha sido por una niñería. Yo lo he sentido
mucho, porque elduelo fué entre mis dos tertulianos favoritos.
Es el uno un poeta, cuyosversos sonoros, religiosos y
sentimentales, me conmueven y diviertenpoquísimo; pero que
en prosa es un truhán bastante ameno y buen chico enel fondo.
El otro es la flor de los caballeros principales: discreto,galante,
gracioso y con un pico de oro para entretener a las mujeres y
atodo el mundo cuando está de humor y se pone a charlar. El
talCondesito, porque es un Condesito, me tiene enamorada. El
me quierebien, me adula; eso sí, es un adulador y un embustero
de primera fuerza;pero yo, si bien reconozco sus traidoras
lisonjas y sus embustes, medejo cautivar por ellos. Así es que
somos excelentes amigos.
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