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Pasarse de Listo

—Cuídate mucho, Braulio, y vuelve cuanto antes—dijo doña
Beatriz.
—Adiós, querida mía. Pronto estaré de vuelta—contestó don
Braulio.
En seguida bajó la escalera, viéndole bajar ambas hermanas,
que hasta lapuerta, al menos, le habían acompañado.
A poco se oyó rodar el coche en que don Braulio iba.
Beatriz e Inés volvieron a entrar en la habitación y se sentaron
juntoal brasero, una enfrente de otra.
—¡Qué precipitación de viaje!—dijo doña Beatriz
sencillamente.
—¿Estará enfermo Paco?—exclamó Inesita—. Tal vez llame
porque estéenfermo y Braulio no nos lo haya querido decir.
—No lo creas, Inés—contestó doña Beatriz—. Braulio no sabe
ocultarmenada. Va para negocios del caudal, que ni tú ni yo
entendemos. Yo tengotal confianza en Braulio, que no he
querido cansarle en que me expliquede qué naturaleza son esos
negocios que tamaña prisa requieren. Bástamecon que me haya
dado completa seguridad de que no ocurre nada
aflictivo.¿Cómo, además, había él de ir tan alegre y tranquilo
como va si hubieseque lamentar una desgracia?
De este modo siguieron hablando ambas hermanas hasta que
sonaron lasdiez, hora en que solían acudir a la tertulia de los de
San Teódulo.
Beatriz dijo que como tenía, a pesar de todo, cierta pena por la
partidade su marido, no quería ir a la tertulia aquella noche; pero
Inesita laanimó, sostuvo que no había razón para no hacer lo que
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