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Pasarse de Listo

—Pues entonces, ¿por qué no te dedicas a tu prima Adela? Se
diría queel cielo la destina para ti. ¡Es tan buena, es tan discreta
en medio desu inocencia! Y hablando en confianza..., la creo
muy propensa aprendarse de ti. Estoy segura de que te adoraría.
—El amor de madre acaso ciegue a usted; pero, aunque ella
propendiese aamarme, ¿cómo he de mandar yo a mi corazón que
la ame? No la amo, y sinamor no me casaré con mujer alguna.
—Tú amas, lo sé, a la que no puede ser tu mujer, porque lo es
deotro—dijo al fin la Condesa, no pudiendo sufrir más las
rebeldías de suhijo.
—Ya he dicho a usted que no amo ahora a ninguna mujer
casada.
—Me han dicho que estás en relaciones con la mujer de un
empleadillo enHacienda, con una aventurera que va a casa de la
Condesa de San Teódulo.
—Madre, los que tal han dicho mienten. Ni yo estoy en
relaciones conesa mujer, ni esa mujer es una aventurera. Caro le
costaría a cualquierhombre que se atreviese a calificarla de tal
en mi presencia.
—Tú mismo te delatas. Esa vehemencia con que la defiendes
me prueba másaún que la amas. Tal vez esa mujer te ha
hechizado. La cosa es peor delo que yo presumía. No es un
capricho, es una verdadera pasión.
—Si la estimación y la amistad son pasiones, estoy apasionado
de ella,lo confieso. Por lo mismo, madre mía, suplico a usted
que desmienta misrelaciones amorosas con esa mujer, y que no
contribuya a difamarla yhacer acaso la infelicidad de su marido,
que es un hombre excelente. Siel infeliz llegase a saber lo que,
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