Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Novelas de Voltaire

Babuco entónces se empezó á rezelar de que tenia razon el genioIturiel. Con el dote que tenia de grangearse
la confianza, supo aqueldia mismo los secretos de la dama, la qual le fió su cariño al magomozo,
asegurándole que en todas las casas de Persepolis encontraria lomismo que en la suya habia visto. Infirió
Babuco que no podia durarsemejante sociedad; que todas las casas habian de estar asoladas porzelos,
venganzas y rencillas; que sin cesar habian de verterselágrimas y sangre; que infaliblemente habian de
matar los maridos álos cortejos de sus mugeres, ó de ser muertos por ellos; finalmenteque hacia Ituriel muy
bien en destruir de una vez un pueblo abandonadoá horrendos desórdenes.
Fuése despues de comer á uno de los mas soberbios templos de laciudad, y se sentó en medio de una
muchedumbre de hombres y mugeresque habian ido allí á matar el tiempo. Subió un mago á una
máquinaalta, y discurrió largo tiempo acerca del vicio y la virtud; yhabiendo dividido en varias partes lo
que no era menester dividir,probó metódicamente las cosas mas claras, enseñó lo que sabia todo elmundo,
se exaltó sin motivo, y salió sudando y sin respiracion.Despertóse entonces la gente, y creyó que habia
asistido á unainstruccion. Babuco dixo: Este buen hombre ha hecho quanto ha podidopor fastidiar á
doscientos ó trescientos conciudadanos suyos; pero suintencion era buena, y esto no es motivo para destruir
á Persepolis.
Lleváronle, al salir de esta asamblea, á que viera una fiesta públicaque se celebraba todos los dias del año
en una especie de basílica, encuya parte interior se vía un palacio. Formaban tan hermosoespectáculo las
ciudadanas mas hermosas de Persepolis, y losprincipales sátrapas colocados en órden, que al principio
creyó Babucoque se reducia á esto la fiesta. En breve se dexáron ver en elvestíbulo de este palacio dos ó
tres personas que parecian reyes yreynas; su idioma era muy distinto del que estilaba el vulgo, y teniaritmo,
harmonía y sublimidad. No se dormia nadie, que todos en altosilencio escuchaban, y si le interrumpian, era
para dar pruebas deadmiracion y ternura general; y con tan vivos y bien sentidos términosse hablaba de las
obligaciones de los reyes, del amor de la virtud, yde los riesgos de las pasiones, que arrancáron lágrimas á
Babuco: elqual no dudó que fuesen los predicadores del imperio aquellos héroes yheroinas y aquellos reyes
y reynas que acababa de oir, y hasta hizopropósito de persuadir á Ituriel que los viniese á escuchar, cierto
deque semejante espectáculo le reconciliaria con Persepolis parasiempre.
Concluida la fiesta, quiso visitar á la reyna principal que en aquelhermoso palacio habia anunciado tan
sublime y acendrada moral. Hizoque le introduxeran en casa de su magestad; y le lleváron por una
malaescalerilla á un segundo piso, donde halló en un aposento pobrementealhajado una muger mal vestida,
que con noble y patético ademan ledixo: Mi oficio no me da para vivir; uno de los príncipes que habeisvisto
me ha hecho un hijo: estoy para parir: no tengo dinero, y sindinero todo parto es un mal parto. Babuco le
dió cien daricos de oro,diciendo: Si no hubiera cosas peores en la ciudad, poco motivo tuvieraIturiel para
estar tan enojado.
Fué de allí á pasar la tarde á las tiendas de mercaderes demagnificencias superfluas. Llevóle un sugeto
inteligente que se habiahecho amigo suyo, compró lo que halló de su gusto, y con muchascortesías se lo
vendiéron mucho mas caro de lo que valia. Quando hubovuelto á casa, le hizo ver su amigo que le habian
estafado; y apuntóBabuco en su libro de memoria el nombre del mercader, para que el diadel castigo de la
ciudad no le echara Ituriel en olvido. Estandoescribiendo, llamáron á la puerta, y entró el mercader que le
traía áBabuco su bolsillo que se habia dexado olvidado encima del mostrador.¿Cómo es posible, dixo
Babuco, que seais tan generoso y escrupuloso,despues de haber tenido cara para venderme vuestras
buxerías quatrotanto mas de lo que valen? No hay en toda la ciudad, le respondió elmercader, negociante
ninguno algo conocido, que no hubiese venido átraeros el bolsillo; mas quando os han dicho que os he
vendido lo queen mi tienda habeis comprado el quadruplo de su valor, os hanengañado, porque os lo he
vendido diez veces mas de lo que ello vale;y esto es tan cierto, que si dentro de un mes os quereis deshacer
deello, no os darán ni el diezmo: y no hay empero cosa mas conforme árazon, porque siendo el antojo de
los hombres lo que da valor á estasfruslerías, ese mismo antojo da de comer á cien obreros que empleo yo,y
á mí me da una casa bien puesta, un buen coche, y buenos caballos.Este antojo es quien vivifica la
industria, y mantiene el fino gusto,la circulacion y la abundancia. A las naciones comarcanas les
vendomucho mas caras que á vos esas mismas frioleras, y de este modo sirvocon provecho al imperio.
Paróse Babuco pensativo un, rato, y le borróluego de su libro.
No sabiendo que pensar de Persepolis, se determinó á visitar á losmagos y á los literatos, lisonjeándose de
que alcanzarian estos elperdon de todo lo restante del pueblo, porque unos se aplican á lasabiduría, y á la
religion los otros. La mañana siguiente fué ávisitar un colegio de magos, y le confesó el archimandrita que
teniatrescientos mil escudos de renta por haber hecho voto de pobreza, yque exercia una vasta jurisdiccion
en virtud de otro voto de humildad.Dicho esto, dexó á Babuco en manos de un aprendiz de mago, para que
leobsequiase.
Remove