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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

lindo gabán colgaba airosamente de sus hombros.Tenía la mano derecha libre y desnuda, y en la
izquierda los guantes deámbar y la graciosa gorra de Milán con airón de blancas y
rizadasplumas, prendido a la gorra por una piocha de esmeraldas y rubíes.
Narada, al contemplar a Morsamor a la luz de las muchas lámparas que enel estrado había, no
pudo menos de decirle que competía con el divinoHari, cuando se casó Rukmini en el magnífico
palacio de Duarika.
No tardó la bella Urbási en aparecer sobre el estrado. La acompañabancuatro matronas
casadas y la seguían sus siervas, y los pocosconvidados, amigos íntimos o parientes de su
familia.
La presencia de Urbási, deslumbradora de hermosura, excitó la admiraciónde todos. En el
alma de Morsamor se avivó con violencia el amorosofuego.
El andar de Urbási más parecía de deidad que de criatura humana. Sinoprimir su esbelto talle,
le ceñía amplia zona de púrpura recamada deperlas, sosteniendo las flotantes ropas talares de
cándido lino, quedescendían en artísticos pliegues y dejaban adivinar la armoniosacorrección del
delicado cuerpo. La doble redondez del firme pecho, sincompresión ni arrimo, se estremecía
suavemente, al moverse la hermosa,entreviéndose por la transparencia de la tela su puro color de
rosa ynieve. Recogidas con gracia en alto las abundantes crenchas de susnegros cabellos,
dejaban ver el cuello despejado y cuan bien puesta seerguía sobre él la noble cabeza. Verde-
obscuras y hondas como la mar,eran las pupilas de sus ojos; su brillo como el del sol; y la
sonrisa desu fresca boca, como presentimiento del Paraíso.
Según el rito, la novia debía acabar de adornarse en el pandal, enpresencia de todos, y las
cuatro matronas casadas procedieron a hacerlo.De diamantes y perlas eran las joyas con que la
adornaron. Pusieron unadiadema sobre su frente; en sus pequeñas orejas, a guisa de zarcillos,dos
gruesos solitarios asidos a sendos y sutiles aretes; junto a loshombros y en las finas muñecas de
los desnudos brazo y en las gargantasde los pies ligeros, brazaletes y ajorcas; y varios anillos en
losafilados dedos de las manos y también en los dos dedos gruesos de ambospies, cuyo
admirable dibujo no estragó jamás rudo calzado de cuero, ycuya desnudez dejaba ver la nítida
blancura de la piel sonrosada y ellimpio nácar de las pulidas uñas, sobre las elegantes sandalias.
En la cabeza de Urbási las cuatro matronas echaron por último un rojo ytransparente velo.
Recitando himnos con entonada melopeya, Narada invocó a los lares y alos manes, genios
protectores del hogar y espíritus de los antepasados.
Dos purohitas o brahmanes que oficiaban asistiendo a Narada, pusieronen la mano derecha de
Morsamor algunos hilos de azafrán, enlazados porlarga cinta a otros hilos de azafrán que
pusieron en la mano izquierdade Urbási.
Narada asió después la diestra de Morsamor y la unió a la diestra deUrbási. Sobre ambas
manos juntas fueron todos los asistentes vertiendoalgunas gotas de agua lustral perfumada.
Morsamor enseguida dio a Urbási algunas hojas de betel picante.
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