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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Por fortuna, la plebe amotinada de la ciudad, fanatizada por losbrahmanes y provista de
armas, había vencido a los más resistentes de laexterior guarnición, mientras que otros,
codiciosos y traidores, sehabían dejado comprar por dinero suministrado por los brahmanes y
pormercaderes ricos. Parte pues, de la sublevación triunfante, se habíaadelantado hasta el borde
del foso en tumultuosa muchedumbre. Sus gritosde júbilo llegaban claros a los oídos de Miguel
de Zuheros, alentaban suvalor y corroboraban su confianza. Así, a pesar de la
obstinadaresistencia de los que defendían la puerta, Morsamor y los suyos, no sinsacrificar allí
muchas vidas, se apoderaron de la puerta al cabo, laabrieron y dejaron caer sobre el foso el
puente levadizo. La noche enesto había pasado ya. La obscuridad se había, disipado. La
penumbra delcrepúsculo matutino se había trocado con rápida transición en claridadluminosa,
apagándose las estrellas en el éter, matizándose las nubes decarmín y de oro y transmitiéndose
por el ambiente despejado y limpio elmovimiento, los colores y las formas de los distintos seres.
Los de la guarnición interior, aturdidos y empeñados en luchar con losque estaban dentro, sólo
habían hecho cinco disparos de lombardas,causando apenas daño en la muchedumbre, aunque sí
algún miedo y muchaira.
Al abrirse la puerta y caer el puente levadizo, la plebe retrocedió conespanto, temiendo que
iban a salir el sultán, y su caballería y suselefantes, y a cargar sobre ella. Pero los dos jóvenes
brahmanes, queacompañaban a Morsamor y que eran muy decididos, pasaron desde lafortaleza
al otro lado del foso, y gritando en medio de la turba, lequitaron el miedo y la persuadieron de
que eran aliados y amigos los queabrían el paso y los que reclamaban su apoyo para terminar
aquellagrande obra. La plebe entonces, como desbordado torrente que rompe eldique que le
retiene y en violentas oleadas lo inunda todo, se precipitópor la puerta y llenó en un instante el
parque que se extendía en tornodel alcázar dentro del recinto murado.
-XXIII-
El rey, según hemos dicho ya, tuvo que replegarse y encerrarse de nuevoen el alcázar después
de su vigorosa salida. La causa principal de laretirada había quedado oculta. El rey procuró y
logró que se ocultasepara que su gente no desmayara. Un dardo enemigo había atravesado
sumuslo derecho. De la honda herida manaba mucha sangre, y el rey apenaspodía tenerse en pie.
Encerrado en la ancha cámara, donde estaba el único acceso para penetraren el harén, y
asistido sólo por su médico, por su viejo confidente yvalido el jefe de los eunucos, y por cuatro
de sus más fieles e íntimosservidores, el rey siguió dando órdenes y excitando a la
resistencia.Joven y robusto aún, era además fiero y orgulloso, aunque debilitado subrío por la
vida muelle y deleitosa que había vivido, en paz con losextraños y en lo interior hasta entonces,
sin rebeliones ni motines.
Cuando vio a las claras que sus soldados habían sido vencidos, que laplebe triunfante había
invadido la fortaleza y que ya se disponía aromper las puertas y a entrar en el alcázar, su
desesperación fuecompleta y horrible.
Abdul ben Hixen se jactaba de su nobilísima estirpe. Pretendíadescender, por una ilustre serie
de monarcas guerreros, del propioMohamud de Gazna el Grande. Altísimo era el concepto en
 
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