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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

—El brillo de tu gloria—dijo Narada—ha llegado hasta nuestra santaciudad y ha penetrado en
nuestros corazones cual rayo de esperanza. Yovengo a buscarte para que la esperanza se logre.
No; tú no eres paranosotros un ser humano inferior y de distinta raza. Sin duda eres puro
ylegítimo descendiente de egregios hermanos nuestros que, en edad remota,emigraron hasta las
últimas regiones de Occidente desde la verde faldadel Paropamiso. Tu pensamiento y tu creencia
coinciden en el fondo conlo que nosotros pensamos y creemos: son radicalmente iguales: flores
dela misma planta, frutos del mismo árbol. Ideas análogas nacidas enespíritus de idéntica
condición y alta nobleza. No es nuestro Dios comoel de los muslimes, déspota caprichoso y
cruel, gobernando a loshombres, allá en su distante y cerrado cielo, como sultán que se escondea
los ojos de la vil muchedumbre de sus esclavos, y desde su encumbradoalcázar con vara de
hierro los domina. Nuestro Dios está con nosotros yen nosotros. Presente por dondequiera, lo
llena y lo penetra todo y másque todo nuestras almas. El alma enamorada que le busca, le halla y
legoza en esta vida mortal. Para nosotros el hombre es divino, porquenuestro Dios es humano.
No pocas veces ha tomado nuestro Dios ser yforma de hombre en el seno dichoso de una mujer
escogida. Nuestroshéroes son avatares o encarnaciones de Vishnú. Crishna es el másglorioso de
ellos y al que más devotamente adoramos. Libertador yredentor de las almas, las atrae, las
enamora y con su hermosura lascautiva. Bello pastor apacienta su rebaño en la fértil orilla de un
ríode aguas limpias y claras y al melodioso son de su flauta danzan entorno suyo las gopies, las
apsaras y hasta Sarasvati y las otrasdiosas inmortales, humanadas y convertidas por él en lindas
zagalas. Tales Crishna en la tierra, como genio de paz y de amor, pero el acentoblando de su
flauta se trueca en el medroso resonar del clarín guerrerocuando su paciencia se agota, se
despierta en su corazón la ira y seresuelve a librarnos del tirano Cansia. Terror de muerte invade
y hielaentonces el ánimo de sus enemigos. Así es Crishna en la tierra, comohombre y viviendo
vida mortal. En su ilimitada y superior existencia,dominador Crishna de los tres mundos, dirige
al son de su música eleterno giro de las esferas celestes que en arrebatada consonanciaproducen
el perpetuo cambio de luz y tinieblas, en día y en noche, dealternadas estaciones durante el año,
y en ingentes períodos de siglosdesde el renacer del universo hasta su caída, extinción y reposo
en elseno de Brahma. Crishna nos protege, Crishna nos anuncia venturosoéxito, nos declara que
la ocasión es propicia, y nos manda que acudamosa ti e impetremos tu auxilio para sacudir el
yugo de los muslimes. Dosaños ha, Babur, emperador de los mongoles, se apoderó de Lahor
desdedonde amenazaba conquistar con rapidez toda la India; pero Babur hatenido que abandonar
a Lahor para vencer a los rebeldes que pugnan pordesbaratar todo su imperio. Bactra, Kiva,
Bokara, y hasta su mismacapital Samarcanda se han levantado contra él. Sus enemigos se
conjuranen su daño por todas las fronteras de sus extensos dominios: los chinospor el Oriente y
por el Occidente los turcos, poderosísimos en el día ycontra los cuales luchan con corta eficacia
las naciones europeas,enflaquecidas por constantes rivalidades y empeñadas hoy en
largasguerras religiosas y políticas. Así el turco, aliviado del temor queesas naciones debieran
inspirarle, puede hacer cara a Babur y a susmongoles. Contra ellos se levantan los persas y los
pueblos guerrerosdel Cáucaso, las gentes de Georgia, de Circasia y de Armenia, y más alNorte,
otro pueblo belicoso recién salido de la barbarie, que vive enlas regiones boreales, límites entre
Asia y Europa, y que después devencer y de humillar la Horda de oro penetra en Asia
anhelandopredominios y conquistas. La ocasión como he dicho es hoy más propiciaque nunca.
Para no perderla anhelamos tu auxilio. ¿Nos le concedes?
—Dime cuál es vuestro plan—respondió Morsamor.
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