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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

En tal situación de ánimo y después de aconsejar a Tiburcio que fuesecircunspecto y sufrido a
fin de vivir en paz, Morsamor le manifestó elansia que tenía de salir de Goa y de buscar honra y
provecho por nuevosy no trillados caminos.
Poco tiempo después de esta confidencia de Morsamor, Tiburcio, que alprincipio se había
callado, hubo de hacerle el siguiente razonamiento:
—He meditado sobre lo que te trae caviloso y que días pasados meconfiaste. He hecho más:
he gustado de tu propósito y he empezado aabrir el camino para que se logre. Para nosotros
siempre será aquí elpeligro mayor que la gloria. Debemos, pues, salir de aquí. Fuera de aquíel
peligro podrá ser grandísimo, pero la gloria estará en proporción yserá también grande. Para que
me entiendas bien, te diré el concepto queformo yo de la tierra en que ahora estamos y de la
gente que la habita.Mi trato con ella y mi facilidad para entender su idioma, hacen que yolo
comprenda todo con más claridad y exactitud que los portugueses.
Lleno de curiosidad Morsamor, prestó grande atención a Tiburcio quecontinuó diciendo:
—Hay en la India muchas y muy diversas naciones, castas, lenguas ytribus, pero desde hace
más de tres mil años, existe en la India unacasta predominante, que se enseñoreó de todo y que
supo conservar elimperio por fuerza, por astucia y por sabiduría. Mucho antes de quefloreciesen
Atenas y Roma, mucho antes de que Salomón e Hirán enviasensus flotas a Ofir y de que los
fenicios fundasen a Cádiz, bajó delmontañoso centro del Asia a las fértiles llanuras que riegan el
Indo yel Ganges, un pueblo nobilísimo e inteligente, valientes guerreros losmás y algunos de
ellos inspirados y divinos poetas, que los guiaban yentusiasmaban. Este pueblo de superior
condición redujo a su obedienciay mandado a los otros pueblos que en la India vivían. Y de allí
enadelante, los guerreros del pueblo conquistador fueron los reyes y losnobles de la India, y sus
poetas o richis, convertidos en sacerdotes,sabios y filósofos, no sólo prevalecieron sobre las
nacionesconquistadas, sino también sobre los reyes y los nobles que las habíansometido. La
primitiva y sencilla religión que los richis habíanformulado en sus himnos vino a convertirse en
complicadísimo sistema yen sutil teología, cuyos intérpretes y depositarios fueron
losdescendientes de los richis a quienes en el día llamamos brahmanes.Estos han conservado su
poder, sobreponiéndose durante siglos ainteriores rebeldías y a conquistas e invasiones extrañas.
Amenazado sehalla hoy este poder por los portugueses, pero sólo en el litoral. Lossectarios de
Mahoma son quienes tierra adentro le combaten. ¿Por qué nohemos de ir nosotros tierra adentro
a promover la rebelión de losbrahmanes y a darles auxilio contra los muslimes?
—¿Qué ganaría yo con eso, interpuso Morsamor, o para mí, o para lanación a que pertenezco,
o para la religión que sigo, aunque pecador yfraile escapado de su convento?
—Ganarías mucho—replicó Tiburcio—. En primer lugar, combatirías elislamismo y
quebrantarías por aquí el imperio de turcos y de moros, quehan sido hasta ahora los mayores
enemigos de nuestra católica España. Yen segundo lugar, sólo Dios sabe hasta qué extremo de
ventura, hasta quédichoso y espantable éxito pudieras llegar con tu audacia. Siconsiguieses dar
aliento y ayuda a los brahmanes, vencer con ellos elIslam y restablecer en toda su amplitud el
influjo y el imperio de castatan inteligente, no lo dudes, los brahmanes, agradecidos,
tereconocerían por nuevo y resplandeciente avatar y harían que por tanalto carácter, todos los
indios te reverenciasen y temiesen. Así acasopodrías tú más tarde, con habilidad y prudencia,
convertir a la religióncristiana a los que fuesen súbditos tuyos y crear el reino del PresteJuan, que
tal vez no existió nunca sino en la fantasía de los europeos,o renovarle con mayor esplendor y
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