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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Porquegustaba en extremo de que le exaltasen y animasen en el combate cantandoy tocando
instrumentos sonoros.
La muerte que amedrantó más a los portugueses fue la de GasparFernández. El elefante más
gigantesco le cogió con la trompa, le tirópor el aire, y no bien cayó al suelo, le acabó de matar
estrujándole elpecho y rompiéndole el cráneo con sus gruesas patas delanteras.
Morsamor quiso vengar a aquel compañero de armas, que tal vez era el quemás estimaba y
quería. Acometió por un lado al elefante y logró derribara su cornac hiriéndole de una estocada.
El elefante se revolvió contraMorsamor y le asió también con la trompa. La espada se le cayó
aMorsamor de la diestra; pero, con la rapidez del rayo, y sin dar tiempoa que el elefante le
lanzase o le ahogase apretando, le agarró con lamano izquierda de una oreja, y desenvainando
con la otra mano elacicalado puñal, que llevaba al cinto, le hundió hasta el puño en lacerviz de
aquella fiera, con tino tan eficaz que en el acto perdió lavida, cayendo con estruendo por tierra su
espantosa mole. Morsamor cayótambién, pero cauto y ligero, no cayó debajo sino encima de su
víctima.
Aunque Morsamor se levantó con rapidez, allí hubiera muerto, circundadode muchos
enemigos, si los de la hueste portuguesa, maravillados yreanimados al ver su hazaña, no
hubieran acudido en su auxilio. Aquellahazaña de Morsamor contuvo el ímpetu de las gentes del
rey de Achin yprestó bríos y dio tiempo a los portugueses para que se reembarcasen, sibien con
lamentable pérdida, no completamente derrotados.
-XIX-
De vuelta Morsamor a Goa para reposar sobre sus laureles, se complacióen ver cundir su fama
y crecer el número de sus admiradores, convertidosmuchos de ellos en parciales devotos. La
emulación y la envidia hacíanque también sus enemigos se aumentasen. Y a todo contribuía en
granmanera Tiburcio de Simahonda que, menos retraído y mucho más expansivoque Morsamor,
se mostraba por donde quiera y trataba toda clase degente. Tiburcio, como en Lisboa, sabía
ganar amigos en la India, pero subuena fortuna con las mujeres y en el juego le creaba muchos
envidiosos.Menester era de toda la prudencia y tino de Morsamor, para evitar riñasentre dichos
envidiosos y los del bando que sin pretenderlo él queríanseguirle y cuyo aparente adalid era
Tiburcio. Los más desalmadosaventureros y los menos favorecidos de la suerte, acudían a
Tiburcio,esperando por su medio ganarse la voluntad de Morsamor y embelesados porlo pronto
por el alegre carácter, burlas y chistes de aquel doncelatrevido.
Francisco Pereira Pestana, gobernador de Goa, recelaba de continuo quela rivalidad entre la
gente que acaudillaba Tiburcio y los que leenvidiaban y odiaban originase desórdenes
sangrientos. El más vivo deseodel gobernador se cifraba en que Miguel de Zuheros y
Tiburcioabandonasen la ciudad llevando consigo a los más turbulentos aventurerosy
acometiendo alguna arriesgada empresa de la que tal vez sería lo mejorque nunca volviesen.
Aunque movido Morsamor de sentimientos contrarios, coincidía con elgobernador en hallar
difícil y enojosa su posición en Goa, ansiandosalir de allí en busca de aventuras, con toda
independencia de Portugaly campando por su respeto.
 
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