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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

leescondiésemos en el fondo del buque. Así lo hicimos al punto. Lafortaleza entre tanto nos
pareció asaltada por la gente de la ciudad queHamet había enviado contra ella. Quiso entonces
don Jorge dar a lafortaleza algún auxilio, me consideró más capaz que nadie para tanarriesgada
empresa, recibí sus órdenes y lancé al agua el esquife en queme habéis visto venir. Dos fustes y
algunos pequeños bateles de AgaMahamud me cerraron el paso y me impidieron saltar en tierra.
No pudetampoco volver a la galera, porque se interpusieron persiguiéndome. Deellos venía
huyendo cuando me habéis encontrado.
Oída esta relación de Antonio Vaz, Morsamor le animó y le tomó por guíapara que le llevase
hacia donde estaban las dos fustas y los pequeñosbateles que le habían perseguido.
Con gran rapidez, en silencio, arriada la bandera, y hasta cierto puntooculta por la neblina, la
nave de Morsamor cayó de repente sobre las dosfustas, que se habían apartado del grueso de la
flota persiguiendo alpequeño esquife, y echó a pique una de ellas con certeros tiros de
suartillería, que dirigía Tiburcio con tino verdaderamente diabólico.Pasmados los de la otra fusta
y aterrorizados del imprevisto ataque, noacertaron a huir ni a poner resistencia. La nave se
acercó a la fusta yla gente de Morsamor la entró al abordaje, pasando a cuchillo a cuantoshabía
en ella. Tiburcio tomó entonces el mando de la fusta apresada.
Morsamor y Tiburcio se apresuraron luego a llegar donde combatían lagalera de don Jorge y
el grueso de la flota portuguesa contra las fustasde Aga Mahamud, en las cuales hizo Morsamor
tremendo estrago con laartillería y arcabucería de su nave, cooperando eficazmente a lavictoria
una audaz estratagema de Tiburcio, porque desordenó las fustasde Aga Mahamud penetrando en
sus filas como si su fusta fuese aún una deellas y no hubiese pasado a poder del enemigo.
En suma, las fustas de Aga Mahamud tuvieren que retirarse todas congrandísima pérdida y
quebranto, y don Jorge, a hora de medio día hizoresonar las trompetas y clarines en señal de
victoria, si bien no seresolvió a perseguir la armada de los infieles.
La situación en que estaba la fortaleza le atraía antes que todo. Eramenester libertarla de los
sitiadores que Hamet había mandado contraella. Y como ya no había que hacer cara a las fustas
de Aga Mahamud, losmás aptos y valerosos de los hombres que tripulaban la flota
portuguesadesembarcaron no lejos del castillo, que sólo defendían sesenta hombres,los cuales,
de acuerdo con los desembarcados, a quienes desde lasalmenas y saetías vieron llegar, hicieron a
tiempo una salida muyvigorosa, cayendo sobre los sitiadores a quienes los
desembarcadosatacaron por el flanco y por la espalda. Al frente de una tropa de másde cuarenta,
entre los que se distinguían Tiburcio dando cuchilladas yFray Juan de Santarén animando a los
combatientes con oracionesfervorosas, Morsamor hizo atroz carnicería en los musulmanes y
gentilesde Chaul, que pronto abandonaron el campo y huyeron despavoridosrefugiándose en la
ciudad.
Para aterrar a Hamet y a los que en la ciudad le obedecían, don Jorge deMeneses les envió un
presente horrible: cincuenta cabezas de los quehabían muerto atacando la fortaleza y rechazados
por él. Amilanado Hamety temiendo el incendio y saco de la ciudad y muertes innumerables si
eraentrada por asalto, pidió la paz, capituló, y dejó entrar a losportugueses que de la ciudad se
enseñorearon.
Morsamor, cuyo inesperado auxilio había sido parte tan principal en lavictoria, gozó del
triunfo a par de don Jorge, siendo vitoreado yensalzado por los de la hueste.
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