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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Miguel de Zuheros no estaba de muy buen humor y repugnaba recibir a losderviches; pero
donna Olimpia y Teletusa, que habían oído hablar de susextravagantes y vertiginosos bailes y del
extraño método que empleabanpara llenarse de furor divino y entrar en la vía unitiva,
intercedieronpor ellos y consiguieron que subiesen sobre cubierta. Hasta veinteserían los de
aquella tropa, todos vestidos de flotantes y ligerospaños, todos contentos y satisfechos como
quien priva con la divinidad yde los demás seres del mundo no se le importa un prisco.
Al son de una música muy rara entonaron los derviches algunas de las másbellas canciones
panteísticas de su fundador. Luego tejieron la másarrebatada y frenética danza que puede
imaginarse. Y, por último, cuatrode los derviches, trompeteros de resuello pujante, hicieron
resonar laskernas de que venían provistos. La danza se precipitó entonces conrapidez
sobrehumana. Verlos bailar causaba mareo.
Aquel espectáculo asustaba más que divertía, pero tenía tan invencibleatractivo que todas las
miradas quedaban fijas en los derviches sinpoder apartarse de ellos.
Atronador era el sonido de las kernas, trompetas enormes de más de dosmetros de longitud, en
figura de serpientes y enroscadas en girotortuoso.
—Nadie me quitará de la cabeza—dijo Tiburcio a donna Olimpia, queestaba a su lado—que si
bien la música, como todas las demás artes, haadelantado mucho en estos últimos tiempos,
todavía hay en ella secretosmisteriosos, descubiertos en las edades primitivas y
conservadosocultamente en los santuarios y en los colegios sacerdotales. Al oírestas trompetas se
entrevé y se adivina la relación, conocida en loantiguo y desconocida hoy, entre la música y la
arquitectura. Al oírestas trompetas no parece del todo ponderación, encarecimiento omilagro, lo
que se cuenta de Anfión erigiendo al son de la música lasmurallas de Tebas, y lo que se cuenta
de Josué derribando las murallasde Jericó a trompetazos. Tal vez la música del porvenir llegue
enEuropa, dentro de cuatro siglos o antes a tener eficacia parecida, maspor ahora distamos
mucho de ello.
Donna Olimpia estaba tan absorta oyendo el trompeteo y contemplando ladanza, que no
contestó palabra alguna.
La observación de Tiburcio era, sin embargo, muy atinada aunqueincompleta.
Sin duda aquella música profunda y sabiamente bárbara no estaba sólo enrelación con la
arquitectura, no era sólo una fuerza motriz material,sino que era asimismo un pasmoso vehículo
de la fuerza psíquica,trasmitiendo con el aliento vital por el retorcido tubo de bronce eldeseo
imperioso del espíritu. Esto que recientemente han inventado loshombres y han apellidado
magnetismo animal no es más que un leve eimperfecto atisbo y un ensayo rudo y embrionario,
digámoslo así, delempleo de la fuerza psíquica, que en los venideros tiempos ha deconocerse
mejor y ejercitarse con gran fruto.
Como quiera que ello sea, lo cierto es que aquellos trompeteros osonadores de kerna podían
ya, por virtud de la ciencia ocultacustodiada en Oriente, emplear la fuerza del alma y producir el
letargomagnético en quien se les antojaba.
No nos maravillemos pues, de que Morsamor, que también veía la danza yescuchaba el
trompeteo, viniese a caer en hondísimo letargo. No hubomodo de despertarle, y permaneció
traspuesto cerca de veinticuatrohoras.
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