Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

había,no dos mujeres bonitas, sino dos péris o dos huríes. Donna Olimpia fuela que más agradó
y sorprendió por su porte majestuoso, y más aún por lanítida blancura de su tez y por el áureo
fulgor de sus cabellos rubios,prendas muy raras en aquella tierra. Así es que la consideraron
yponderaron como si fuese criatura sobrehumana y hasta la propiaParabanú, emperatriz de las
hadas.
Cuando todos estos rumores llegaron a los oídos del rey y de su hermano,ambos anhelaron
obsequiar a Morsamor, ver a las dos hermosas princesas ymostrar a él y a ellas el esplendor de la
capital de su reino y lafértil amenidad de los huertos y cármenes que a imitación y
encompetencia de Chiraz había en su ruedo y en ambas orillas del Sabaki,que desemboca en la
mar a corta distancia.
Pronto se concertó y dispuso una fiesta y jira campestre a la queMorsamor, Tiburcio, el piloto,
Fray Juan de Santarén, las dos princesasy el señor Vandenpeereboom fueron convidados.
En bateles del país, empavesados con vistosos gallardetes y flámulasmulticolores, y
defendidos de los ardores del sol por elegantes toldos,los convidados fueron a tierra, donde había
para las damas dos soberbiospalanquines llevados por robustos negros; para Morsamor y
Tiburcio,hermosos caballos árabes ricamente enjaezados; y para el piloto, elcomisionista y el
fraile, sendos pollinos tordos y lustrosos, conprimorosas albardas, de las que pendían caireles y
flecos de seda y conlas cabezadas y jáquimas de seda también, alegrando los oídos el sonarde los
cascabeles de plata que había en los pretales, y alegrando lavista los relucientes y airosos
penachos que descollaban muy por cima delas largas y puntiagudas orejas.
Debemos advertir aquí que en Oriente no es el asno, como en nuestrospaíses, animal plebeyo
y vilipendiado, sino que, por el contrario, gozade notable crédito y suele servir de cabalgadura a
las personas graves,constituidas en dignidad y que conviene que caminen con reposo y
pausadaprosopopeya.
Con muy brillante acompañamiento el rey y su hermano llegaron a recibira sus huéspedes en
una gran plaza que estaba cerca del muelle. Variosulemas, magos y astrólogos del Real Consejo
privado, venían también enburros; monteros y cazadores, de a pie y de a caballo, traían la
jauríade podencos y lebreles; doce diestros cazadores de altanería, todos acaballo, llevaban en el
antebrazo izquierdo, asidos a la lúa de becerrocon las acicaladas garras, ya poderosos neblíes,
traídos a mucha costade las montañas de Elburz o de Mazenderán a orillas de mar Caspio,
yaágiles alfaneques africanos, retenidos por la pihuela para que noechasen a volar, y todos con
sus capirotes de grana y con sutilescascabelillos de oro en las nervudas patas.
El rey se presentó en un lujoso carro, tirado por cuatro caballosblancos y conducido por su
propio hermano Rustán, que se ufanaba de serhábil auriga. Se parecían también en el carro un
venerable escudero, quesostenía el quitasol de raso amarillo, bordado de oro, dando sombra alrey
y siendo símbolo e insignia de su poder soberano; y dos pajecillos,muy graciosos y compuestos,
que oseaban las moscas y movían yrefrescaban el aire que circundaba a la persona regia,
agitando grandesabanicos, uno de pintadas plumas de pavo real, y otro de plumas deavestruz
blancas como la leche.
El rey y su hermano recibieron y saludaron a las damas, a Morsamor y alos suyos con gran
cortesía y finura, y después de recorrer lasprincipales calles de la ciudad y de mostrarles las más
interesantescuriosidades, los llevaron al campo, donde los cazadores y las bienindustriadas aves
Remove