Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

habíanvenido del Norte, que se habían apoderado de aquella isla, y que muchomás tarde se
repuso, invadió la tierra de Canaan y le dio nuevo nombre,aunque hizo en ella grandes estragos.
Hay además quien asegura quePutifar era muy buen letrado, que poseía casi toda la ciencia de
losegipcios, y que compuso memorias sobre las inundaciones del Nilo y sobreotros puntos no
menos importantes. Pero todo esto se ha olvidado y yanadie le recuerda ni le nombra, sino a
causa o por culpa de su mujer.Sólo se habla de él cuando de ella se habla, llamándola, la mujer
dePutifar, por donde él es sólo mencionado como marido. Escarmentemos puesen cabeza ajena y
procuremos que nada semejante nos ocurra.
Este y otros razonamientos por el mismo estilo tenía a Morsamor sobreascuas. Y
verdaderamente era poco honroso y nada glorioso ir a laconquista de un nombre inmortal en
compañía de damas tan desenfadadas yalegres, cuyas conquistas era de temer que se realizasen
más pronto.
Aunque Morsamor disimulaba su disgusto, que solía rayar a veces enrepugnancia, donna
Olimpia, era muy avisada y no dejó de conocerle; perodonna Olimpia era muy soberbia y no se
dio por entendida ni formuló lamenor queja.
-XIII-
A bordo toda la tripulación estaba encantada de la bondadosa amenidad dedonna Olimpia y
más aún del regocijo de Teletusa, de sus danzas ycantares y hasta de sus frutas de sartén, hechas
a veces con talabundancia que había para que todos comieran. Ya hemos visto cómo elpiloto
intimó con Morsamor y formó parte de su corro, y cómo Fray Juanse holgaba de estar en él y
hasta de reír y charlar con las dosaventureras, pues, aunque piadoso, era indulgente, muy
conocedor de lasflaquezas humanas y bastante ejercitado en la virtud de la eutropelia.
Había, no obstante, un personaje que no llevaba bien aquel alboroto,sino que estaba
escandalizado de la constante huelga, si bien lodisimulaba y sufría porque era prudentísimo.
Era este personaje el administrador o comisionista encargado de lasmercancías y de sus
ventas, compras y cambios. Notable por su habilidadmercantil y por su experiencia y largas
peregrinaciones, poseía ademásel talento de hablar afluentemente la lengua arábiga, lo cual le
valía yhabía de valerle para sus tratos y negocios con los mercaderes deaquellas regiones.
El tal administrador, holandés o flamenco que en esto no están deacuerdo los autores, se
llamaba Gastón Vandenpeereboom, nombre yapellido en completo desacuerdo con sus prendas
personales, como si porantífrasis los llevara. En lugar de ser Gastón tenía fama de roñoso ypor
no gastar en nada, no hablaba nunca sino por necesidad o provecho, afin de no gastar saliva. Y
su apellido, semejante al resonar del truenoo de la artillería, también se concertaba mal con sus
lacónicos ypausados discursos, pronunciados siempre en voz baja y suave. El
señorVandenpeereboom era además tan pequeñuelo y delgado, que parecía unduende. Casi no se
le oía ni se le veía. Cuando no estaba haciendocuentas estaba rezando sus devociones, por ser
muy religioso y devoto.Era harto feo de cara, pero en ella, y singularmente en la
vivezapenetrante de sus ojillos, se revelaba su inteligencia y su astucia.
 
Remove