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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

fingidos nombres que damos a estosdos galanes (y como ya habían entrado los señalaba), porque
sus nombresverdaderos se guardan para mayores cosas. Ambos son de noble prosapia yaun creo
que algo parientes de donna Olimpia.
—No hay duda en ello—interpuso esta—. Nuestro parentesco es evidenteaunque remoto. Soy
prima quinta de Belcebú y sexta de Asmodeo.
—Pues que sea enhorabuena—dijo Morsamor, desechando escrúpulos, echadoa rodar su
formalidad y tomando parte y aun haciendo el papel principalen la orgía que hubo de seguirse.
-X-
Resbaladizo y difícil sería describir aquí lo que allí ocurrió después.La cabeza de jabalí casi
desapareció. Los dos enormes jarros quedaronvacíos. A las risas, a los brincos y a los cantares,
con que se animó lacena, sucedió profundo silencio. Tiburcio y Teletusa se fueron por unlado.
Asmodeo y Belcebú, por otro.
Sólo la tenue luz de una lámpara velada por el vaso de alabastro en queardía iluminó la
estancia tranquila, hasta que rayó el alba y susresplandores primeros penetraron por la ventana,
entreabierta a causadel calor del estío, penetrando también fresco y manso
vientecillo,impregnado de aromas de mil flores, y el gorjeo de los pájaros quecantaban en la
enramada y saludaban el día naciente. Poco más tarde, enla gran sala de la quinta, aparecieron
Morsamor y Tiburcio, donnaOlimpia y Teletusa y los dos formidables escuderos. Todos se
movían y seafanaban como en el momento que precede a un largo viaje.
Donna Olimpia y Teletusa estaban hartas de Portugal y habían resueltoacompañar a Morsamor
y a Tiburcio al extremo Oriente. Los hijos deLusitania no se les habían mostrado pródigos de los
tesoros que de allávenían y así determinaron ellas ir a buscarlos. El imprevisto lance,además, de
la noche anterior podría acarrearles no pocas desazones,sobre todo cuando las abandonaran sus
dos triunfantes amigos.
Donna Olimpia había expresado su resolución del modo más terminante.
—Os seguiremos—había dicho—y os seremos fieles. Unidos,conquistaremos el mundo. Si
fuese menester, hasta nos convertiremos enamazonas. Teletusa será Bradamente y yo la propia
Pentesilea. Yo estarécontigo, Morsamor, hasta que se harte de mí tu alma. Sólo entonces, y
siacertamos a dar con el verdadero y legítimo Preste Juan, que tantos hanbuscado en balde hasta
ahora, yo le rendiré, le cautivaré, me sentaré ensu trono y vendré a ser la Papisa Juana del
Oriente.
Teletusa, Tiburcio y los dos jaques, holgaron mucho de oír esterazonamiento; le aplaudieron y
le celebraron con risas estrepitosas.
Allá en su interior, todo aquello repugnaba no poco a Miguel de Zuheros;pero cierto
vehemente atractivo de amor vicioso luchaba con larepugnancia y la vencía. Morsamor no quiso
o no se atrevió a rechazarlos propósitos y ofrecimientos de donna Olimpia.
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