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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

desenvainasen las espadas,se apoderaron de Acevedo, y con el auxilio de Teletusa y de
vuestrodoncel, le ataron chistosamente abrazado a la vieja Claudia ytraspusieron con ellos al
desván, donde se los encontrará el Sr.Carvallo cuando allí llegue. La algazara promovida por
estos sucesos queatrajo al cuarto de Teletusa en donde ocurrían. Tal ha sido la causa demi
tardanza en venir por aquí, donde algún indicio leve tenía yo de quetan dulce bien me aguardaba.
Por dicha, y merced a vuestra destreza,serenidad y generosa sangre fría, todos hemos llegado a
tiempo de evitaruna tragedia.
—Y ya que no la hubo—dijo Teletusa—celebrémoslo bebiendo un trago ala salud de los amos
de esta casa que no tienen mal provista ladespensa. No os propongo que cenéis, porque no
tendréis gana. Tal vezhabréis cenado ya. Siempre, no obstante, habrá quedado lugar para
unbocadillo de algo picante y salado que sea despertador de la sed. Lasdos criadas de esta casa
van a serviros al punto en esta misma mesa.
En efecto, salió Teletusa y a poco volvió, riendo, brincando y bailando,con un gran plato
levantado en alto en sus manos como si representase aHerodias.
—No os asustéis—exclamó—que no os traigo la cabeza de Juan, sino lade un jabalí, rellena
de verdes alfónsigos y de lengua y lomo con muchasal, pimienta y otros aliños. Estas manos, que
se ha de comer la tierra,lo han condimentado todo. Estoy orgullosa de mi habilidad culinaria.
Hasido mi tarea del día de hoy.
—Bien puedes decir como Tito—interpuso donna Olimpia—que no hasperdido tu día.
—¿Lo oyes, Tiburcio? Llámame tu Tita que es más breve y más dulce quetu Teletusa.
Y diciendo esto, puso sobre la mesa el plato con la cabeza de jabalí.
Las dos criadas, que entraron en pos de ella, colocaron también sobre lamesa blanco pan,
anchas copas y sendos y grandes jarros.
Señalándolos Teletusa con el dedo, habló así:
—Este es vino rancio y seco de Chipre, néctar exquisito, consagrado aVenus, cuya fue aquella
isla, allá en las edades felices en que vivierony reinaron las diosas entre los mortales. Este otro es
moscatel deSiracusa, vino del que se embriagaba el Cíclope para consolarse de losdesdenes de
Galatea, con el que Arquímedes se inspiraba para sus másraras invenciones y del que siempre
bebía Teócrito antes de componer susidilios. No os pasméis, señores, de mi notable erudición.
No en baldesoy la discípula predilecta de donna Olimpia. De tal palo tal astilla,como suele
decirse.
Donna Olimpia y Tiburcio aplaudieron a Teletusa. Y Morsamor, algopensativo aún y no muy
conforme con que todo aquello se aviniese biencon su papel de héroe, empezó a rendirse y a
contagiarse del regocijoharto profano que allí reinaba. Morsamor se sintió ebrio antes de beberel
vino.
—Que mis escuderos vuelvan aquí también—dijo donna Olimpia—para quecoman y beban
patriarcalmente con nosotros, que bien lo merecen despuésdel primor con que se han conducido.
—Y vaya si lo merecen—dijo Teletusa—. ¡Hola! Asmodeo y Belcebú,acudid a beber y a
regocijaros. Y vosotros, señores Morsamor y Tiburcio,no os maravilléis ni asustéis de los
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