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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

volvimos nopocas veces a nuestra fortaleza cargados de botín riquísimo. En una deestas
excursiones, que no olvidaré nunca, nos cercó gran golpe devillanos armados y de gente guerrera
a caballo. Allí me derribaron delmío, asaz mal herido, y allí hubiera muerto yo, si Morsamor no
medefiende con extraordinario brío. Él pudo rechazar por algunos instantesa los que nos
cercaban, ponerme con increíble ligereza a las ancas de sucorcel, y huir conmigo a todo escape
entre un diluvio de flechas y debalas. Así pudimos refugiarnos en el castillo de Castronuño. Poco
tiempodespués desalojó mi padre el castillo en virtud de muy honrada yventajosa capitulación.
Siete mil florines cobró mi padre del castellanopor el favor que le hizo de abandonar la fortaleza
y de volverse a supatria. Entonces nos separamos de Morsamor que se quedó en Castilla.Como
yo le debo tanto, jamás he podido olvidarle, aunque no volví averle ni a saber de él después. Ya
en aquella época era él, sin duda, demayor edad que tú ahora. Precoces arrugas surcaban su
rostro, y en suscabellos y en su barba, negros como la endrina, blanqueaban bastanteshilos de
plata. Morsamor era más joven, pero aparentaba tener más decuarenta años. Tú resplandeces
ahora en juventud lozana. Acaso no hayascumplido aún los veinticinco. Entiendo, pues, que no
eres el hijo, sinoel nieto de mi salvador y amigo de tu mismo nombre. Permíteme quereanude
contigo los lazos de aquella amistad, que te pague la deuda demi gratitud y que estrechamente te
abrace.
Morsamor se dejó abrazar y abrazó también con efusión a Duarte deMendaña, recordando el
beneficio que le hizo, aunque aceptando que elbienhechor no había sido él, sino su abuelo.
—Así es mejor—dijo Tiburcio riendo y por lo bajo—. Así te triplicas yde ti mismo te forjas
antepasados. Así te asemejas a cierto mercader queel Padre Ambrosio conoció en Roma, de
quien contaba que se hizo retrataren escultura y en pintura, con trajes de todas las edades, hasta
deaquella en que florecieron los Scipiones y los Favios. Con tan buenamaña se formó larga serie
de progenitores ilustres.
Como quiera que ello fuese, el reconocimiento que Duarte de Mendaña hizode Morsamor, le
sirvió de mucho, allanó dificultades, disipó recelos ehizo que el Rey le hablase y le recibiese en
su corte.
-V-
Recibidos ya en la corte Morsamor y su doncel Tiburcio, lograron prontoser estimados y
queridos.
Las fiestas de todo género se sucedían entonces sin un momento dedescanso. El Rey quería
celebrar el concertado enlace de su hija laInfanta doña Beatriz con el Duque de Saboya, y
anhelaba deslumbrar a losembajadores de aquel potentado, que iba a ser su yerno, con el lujo,
lamagnificencia y el esplendor de la capital de sus dominios. El tiempovolaba sin sentir en
medio de tantos deleites. Hubo brillantes saraos,festines, cacerías y giras campestres variadas y
amenas.
Tiburcio, que era muy alegre y decidor, divertía y regocijaba a lasdamas y tenía con ellas
mucho partido. No alcanzaba tanto favor con loshombres. Tal vez le envidiaban muchos. Tal vez
se dolían otros de lainsolente suerte con que les ganaba el dinero cuando jugaban a losdados.
 
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