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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Será para ti, válgame comoejemplo, lo que para Don Pedro Niño, valeroso y galante Conde de
Buelna,fue Gutierre Díez de Games, su alférez.
A este punto de su algo prolija disertación llegó el Padre Ambrosio,cuando empezó a manar
por la piquera del alambique, el líquidodestilado. Sin darse un instante de vagar, tomó el Padre la
copa deplata, se acercó a la piquera, la llenó del líquido y se le dio a bebera Fray Miguel sin
decir más palabra.
En silencio también, sin susto y con ansia, Fray Miguel se llevó la copaa los labios y bebió el
licor que había en ella.
El efecto fue rápido y terrible. A Fray Miguel se le trabó la lengua yno pudo exhalar ni queja
ni suspiro. Palidez mortal cubrió su rostro. Alos pocos instantes cayó como herido del rayo. Y
sin duda hubiera dadoen tierra de golpe, si el Padre Ambrosio y el hermano Tiburcio,apercibidos
ya para el caso, no le hubiesen sostenido.
Todo el cuerpo de Fray Miguel, adquirió de súbito una rigidez más quecadavérica. No parecía
ya de carne sino de madera o de barro.
El Padre Ambrosio, no obstante, tuvo a tiempo la precaución de cruzar aFray Miguel las
manos sobre el pecho.
El hermano Tiburcio tomó por la espalda a Fray Miguel. Por los pies lelevantó el Padre
Ambrosio. Ambos le llevaron al féretro y allí ledejaron tendido.
Juan Valera
Las aventuras
-I-
En el año 1521 era Lisboa la más espléndida, animada, pintoresca yoriginal ciudad de Europa.
Fundada sobre varias colinas, se extendía yapor la margen derecha del Tajo, siguiendo su curso
hacia el mar. Lospalacios y jardines de dicha margen hacían delicioso el camino que iba yva
hasta el sitio donde el rey D. Manuel el Dichoso había erigidograciosa y elegante torre, en
conmemoración de que allí se embarcó Vascode Gama para ir por vez primera a la India, y no
lejos el magníficotemplo y claustro de Belén, obra de singular y bellísima arquitectura.Frente del
más populoso centro de la ciudad, en la opuesta orilla delrío, se alzaba la villa de Almada, sobre
enriscado promontorio. Y desdeallí, mirando en dirección contraria a la que trae el agua, esta
seextiende y la orilla se aleja, formando una extensa y grandiosa bahía,capaz de contener
entonces todos los barcos de guerra y de comercio quesurcaban los mares.
Aquella bahía estaba concurridísima. En ella había naves inglesas yfrancesas, de Holanda y de
las ciudades anseáticas, de Aragón y deCastilla, de Génova y de Venecia y de otras Repúblicas y
principados deItalia. Todas acudían allí para traer telas, alhajas, primores y otrosobjetos de arte
 
 
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