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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

—Algo semejante al procedimiento alegórico del sabio puedo yo hacercontigo. De tu
confianza en mí y de tu valor depende el logro de tudeseo. Un extracto, una quinta esencia de la
piedra filosofal esardiente líquido que puede y debe dar, ya que no la inmortalidad,juventud,
fuerza y plena duración de vida. Si te sometes, me atrevo ahacer en ti la peligrosa experiencia.
Hay quien afirma que mi maestroLulio consiguió remozarse, que Alán de la Isla vivió cerca de
dossiglos, que Nicolás Flamel vivió cuatro, y que frisó en la edad de milaños el sabio Artefio.
Algo de esto entiendo yo que podré hacer contigosi tú te prestas y si Dios me ayuda.
Fray Miguel de Zuheros permaneció en silencio por no saber quécontestar, lleno de dudas y
recelos. Era naturalmente incrédulo ydesconfiado, y su corta ventura y los muchos y tristes años
que habíavivido, habían arraigado en su alma y acrecentado más cada día laincredulidad y la
desconfianza. Ora dudaba del saber del Padre Ambrosioatribuyendo a jactancia sus
ofrecimientos, ora recelaba de un modoconfuso que el Padre Ambrosio intentaba hacerle juguete
de una burlacruel para reprimir y humillar su ambición impotente e inveterada.
Notando el Padre Ambrosio que la vacilación, que el recelo causaba elsilencio de Fray
Miguel, habló de nuevo y dijo:
—Te callas y vacilas y no lo extraño ni lo censuro. Para que yo hagacontigo lo que puedo
hacer, se necesita que te fíes de mí por completo,que me rindas todas las potencias de tu alma,
que seas entre mis manos,mientras duren mis operaciones mágicas, como masa inerte, sin
voluntad,sin entendimiento y sin sentido. No bastaría que yo por fuerza o porastucia te despojase
de todo. Se requiere que tú mismo te despojes y tesometas a mi poder con abnegación sin
límites. Y no quiero ni exijo yoque esto sea de repente y como por sorpresa. Te concedo tres días
paraque lo pienses y lo decidas. Al cabo de ellos, ven por aquí, a la mismahora en que has
venido esta noche, a decirme la determinación que hayastomado. Ahora vete a tu celda.
Respondiendo sólo con una profunda inclinación de cabeza, obedeció FrayMiguel; bajó del
camaranchón antes que el Padre Ambrosio, ydespidiéndose de él atravesó los oscuros claustros,
levemente iluminadospor la luz de las estrellas y por una lamparilla que ardía ante uncrucifijo
pendiente del muro, y se retiró a su celda, todo conmovido porlos mil encontrados pensamientos,
deseos y temores que combatían por laposesión de su alma.
-IX-
Desde que se retiró a su celda Fray Miguel de Zuheros, hasta que pasaronlos tres días y se
cumplió el plazo señalado por el Padre Ambrosio, laagitación del ánimo de Fray Miguel fue
grandísima y apenas le dejó pocosinstantes de reposo. Su sueño fue breve y lleno de extrañas
visiones. Ladestemplanza de su sangre y la excitación de sus nervios ya le hacíantiritar con
intenso frío, ya sofocarse hasta sudar con el calor de lacalentura. Motivo y no pretexto tuvo para
no asistir por enfermo ni alcoro ni al refectorio. Acudió, no obstante, aunque sin comer apenas
ycasi sin desplegar los labios sino para murmurar sus rezos.
Fray Miguel no habló con nadie, pero habló mucho consigo mismo, enaquella conversación
interior y profunda, cuyas palabras y frases no esmenester que suenen o en la que tal vez se dice
 
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