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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

naciónde Europa. Así he procurado consolarme de que hoy no lo sea, si bienescribiendo la más
antimoratinesca de mis composiciones literarias.Bien puedo asegurar que hay en ella
Cuanto
puede
hacinar
la
fantasía,
en
concebir
delirios
eminente:
magia,
blasón,
alquimia,
teosofía,
náutica,
bellas
artes,
oratoria,
brahmánica
y
gentil
mitología,
sacra, profana, universal historia
Y otras mil curiosidades.
Si a pesar de tanta riqueza de ingredientes el pasto espiritual que doyal público resulta
desabrido o empalagoso, no te negaré que he deafligirme, pero me servirá de consuelo lo
inocente de mi trabajo. Nadamás inocente que componer un libro de entretenimiento aunque
noentretenga. Con no leerle evitará toda persona discreta el mal queinvoluntariamente pudiera yo
causarle. Yo no trato de enseñar nada ni deprobar nada. Si alguien deduce consecuencias o
moralejas de la lecturade este libro, él, y no yo, será responsable de ellas. Yo sólo
pretendodivertir un rato a quien me lea, dejando a los sabios enseñar yadoctrinar a sus
semejantes, y dejando a nuestros hombres políticos ladifícil tarea de regenerarnos y de sacarnos
del atolladero en que noshemos metido.
He de confesarte, sin embargo, que a veces tengo yo pensamientos algopresuntuosos, porque
creo que el mejor modo de obtener la regeneraciónde que tanto se habla, es entretenerse en los
ratos de ocio contandocuentos, aunque sean poco divertidos, y no pensar en barcos nuevos, nien
fortificaciones, ni en tener sino muy pocos soldados, hasta queseamos ricos, indispensable
condición en el día para ser fuertes. Serfuertes en el día es cuestión de lujo. Seamos pues débiles
e inermesmientras que no podemos ser lujosos. Imitemos a Don Quijote, cuandoquiso hacerse
pastor después de vencido por el Caballero de la BlancaLuna. Mientras que unos esquilan las
ovejas y mientras que otros recogenla leche en colodras y hacen requesones y quesos,
aumentando así lariqueza individual, y por consiguiente, la colectiva, nosotros, o almenos yo,
incapacitados por la vejez para tan útiles operaciones,empleémonos en tocar la churumbela, el
violón u otro instrumentopastoril para que se recreen las ovejas.
De pacer olvidadas escuchando
o quizás consolándose de que poco o nada les dejen que pacer losrabadanes. A fin de vivir
contentos en esta forzosa Arcadia, recordemosvuestras pasadas glorias, no superadas aún por los
pueblos más pujantesy engreídos que hay ahora en el mundo, y compongamos, con
dichosrecuerdos y con el buen humor que no debe abandonarnos, historias comola que yo te
ofrezco, la cual, si no es amena, es por su benigna ycandorosa intención, digna de todo aplauso.
Date tú el tuyo, defiéndemecon indulgente habilidad de los que me censuren y créeme siempre
tuafectísimo amigo y pariente,
Juan Valera
En el claustro
 
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