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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Todavía se sostuvo Morsamor en la superficie del agua a su parecer porextraño e imprevisto
socorro.
Tiburcio de Simahonda le tenía asido por la cabeza, impidiendo que sehundiese; pero de sus
hombres brotaron negras alas que velaron aMorsamor la horrenda claridad de aquel día.
Por último, una sensación grotesca, a par que espantosa, vino a colmarel delirio de aquella en
su sentir postrera agonía. Los dos tremendosrufianes, Asmodeo y Belcebú, le habían cogido cada
uno por una pierna,tiraban de él y le arrastraban al fondo de los mares.
Entonces Morsamor perdió el conocimiento y el sentido.
Reconciliación suprema
-I-
Después de las portentosas aventuras que acabamos de referir y deltrágico fin que tuvieron,
bien podemos asegurar que no murió Morsamor.No nos consta de qué suerte pudo salvarse. En
nuestra historia hay aquíuna tenebrosa laguna. Saltemos por cima de ella y volvamos al
conventoen que el Padre Ambrosio seguía viviendo y ejerciendo sus artes mágicas.
Por su virtud, aunque se ignore de qué manera, nadie en el conventohabía notado la ausencia
de Fray Miguel y del hermano Tiburcio.
Acaso el Padre Ambrosio había evocado y atraído a dos espíritus, quehabían tomado la
apariencia del fraile y del lego. Acaso, sin evocarespíritu alguno, aquel gran mago había creado
dos fantasmas quereemplazasen en el claustro a los dos ausentes. Ello es que nadie losechó de
menos. Por lo demás, según imaginaban los otros frailes, FrayMiguel vivía siempre retraído,
encerrado en su celda y casi de continuopostrado en cama.
Lo que es ahora, bien podemos asegurar también nosotros que Morsamor oFray Miguel, de
vuelta ya de sus excursiones, yacía en cama, en muymísero estado. Sin duda su segunda
mocedad se había consumido toda en elcumplimiento de las grandes empresas a que su voluntad
y la ciencia delPadre Ambrosio la consagraron. Fray Miguel se hallaba casi ciego, másviejo, más
acabado, más baldado por los dolores que antes de remozarse yde encontrarse apto para la fuga.
Se diría que aquel impetuosorenacimiento de vitalidad, que aquella fuerza nueva que de
laprofundidad de su ser había surgido, se había derramado como torrente,se había volcado como
ingente catarata, y se había gastado toda conrapidez en inauditas acciones, sin dejar resto alguno,
sino llevándose yarrastrando en su curso parte de la vida que él conservaba aun antes delcambio
prodigioso.
Pasaron algunos días en esta situación. Fray Miguel estaba cada vez másenfermo y débil. Y
sin embargo, lejos de ofuscarse o de anublarse, suinteligencia se sentía bañada en luz serena y
clara y Fray Miguel creíao más bien estaba seguro de que iban disipándose las nieblas
 
 
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