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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

caligráfica, no sirvió absolutamente de nada. El pícarocorsario supuso que era falso a fin de no
darle cumplimiento y se llevóa remolque el barco veneciano, transbordando a su galera y hasta a
sucamarote a donna Olimpia y a Teletusa.
-XLII-
Terrible situación era esta para una reina, aunque fuese de Abisinia yde la mano zurda.
Según los anales etiópicos, allá en tiempo del Rey Salomón, hubo enEtiopía una señora
llamada Makeda que no fue otra sino la misma reina deSabá, la cual visitó al monarca de Israel,
examinó y tomó el pulso a susabiduría poniéndole mil acertijos y enigmas, y le enamoró además,
hastael punto de volver ella a su país muy ilustrada y en estado interesante.El augusto niño que
nació de resultas, se llamó Menilek o Menelik y fueantiquísimo y reverendísimo tronco de la
dinastía a la sazón reinante,en cuya comparación eran frescas, plebeyas de ayer y de mañana
todas lasdinastías de Europa.
Ansiosa estaba donna Olimpia de rivalizar con la señora Makeda y aun deobscurecer la gloria
de otra reina de Etiopía llamada Candace que sehizo cristiana y difundió la verdadera religión
entre sus súbditos,inducida a ello por su virtuoso valido, aquel eunuco a quien convirtióel
diácono Felipe, explicándole un texto obscuro de Isaías.
Donna Olimpia proyectaba criar y educar a su Principito con el mayoresmero por monjes
benedictinos, ya que todavía ni San Ignacio de Loyola,ni San José de Calasanz habían fundado
escuelas; y luego que estuviesebien educado y crecido, enviarle a conquistar la Abisinia y a
sacarla dela barbarie en que había caído.
El corsario argelino había venido en mal hora a contrariar tan altosproyectos.
Durante dos o tres días, sin embargo, renació la esperanza de donnaOlimpia.
El Mediterráneo se hallaba a la sazón surcado de continuo por muchasgaleras de los
Caballeros de San Juan de Jerusalem, los cuales vagabansin hogar de un punto a otro. Acababan
de perder la isla de Rodas queera su dominio. Solimán, poderoso monarca de los osmanlíes,
habíadirigido todas sus fuerzas contra aquella isla, la cual, después delargo asedio y de una
defensa pasmosamente heroica en que perecieron másde cien mil turcos, tuvo necesidad de
rendirse. Honrosa fue lacapitulación que firmó el Gran Maestre Felipe de Villiers de Lisle
Adan,quien salió con armas y banderas desplegadas y con cinco mil personasque le siguieron. La
noble emulación entre los Caballeros de las ocholenguas, su espíritu militar y su ardiente fe
religiosa, dieron aspectode triunfo a aquella pérdida, hermoseándola con palmas y laureles.
Los expulsados Caballeros de Rodas vagaban por el Mediterráneo en susgaleras, ansiosos de
tomar en los corsarios algún desquite.
Dos galeras de los Caballeros de Rodas avistaron la galera del corsarioy la persiguieron con
ahínco; pero la galera del corsario era ligerísimay despiadados sus cómitres. El rebenque,
cayendo sobre las espaldas delos forzados, acrecentó su fuerza locomotora, y el corsario
logróescapar de la persecución, aunque sin arribar a Argel, sino llegando ensu fuga hasta cerca
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