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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

En la pequeña cámara de Morsamor, que estaba sobre cubierta, no parecíaposible que hubiese
capacidad bastante para que en ella se ocultasenmuchos hombres armados. En ella, no obstante,
estaban hacinados yapretados Tiburcio y su tropa.
De súbito abrieron la puerta de la cámara y salieron con inauditarapidez. Todos corrieron
hacia el lado opuesto al en que estabanMorsamor y Fréitas y hacia el punto en que la nueva Argo
estaba asidaal barco corsario. Con prodigiosa agilidad y con tal prontitud que nodieron tiempo
para que se apercibiesen y cerrasen paso, saltaron todosen la galera. Y entonces, más listos y
expeditos aún, dieron muerte alos cómitres, quitaron grillos y cadenas y pusieron en libertad a
losgaleotes, que eran más de sesenta cristianos cautivos. Estos hallaronsin dificultad armas de
que apoderarse.
Tarde semi-comprendió el capitán corsario la estratagema que le habíanurdido, mas no
desmayó por eso. Antes bien, arremetió impetuoso contrael grupo de Morsamor, mientras que
otro buen golpe de su gente caíasobre Fréitas y sus marineros, los cuales tuvieron por desgracia
queluchar proporcionalmente contra mayor número de contrarios. Fréitas fueuno de los primeros
que perdieron la vida, abierta su cabeza de unhachazo. Otros ocho de su tropa sucumbieron
también, al principio caside la pelea.
Morsamor, entre tanto, parecía invulnerable, pero también sus enemigoseran más que los
hombres de que él disponía. Acorralados Morsamor y lossuyos se mantenían a la defensiva.
Todo esto, no obstante, fue obra de pocos minutos. Tiburcio supo darseprisa. En la galera
corsaria dejó a Juan de Cartagena y a Fray Blas condiez hombres más de su fuerza y con veinte
galeotes, ya libres yarmados, y se precipitó en la nueva Argo con todos los demás que leseguían
y que eran más de sesenta. Ansiosos de combatir se sentíantodos, y particularmente los ya libres
forzados, a quienes aguijoneabael rencor e impulsaba el deseo de curar con la sangre de los
corsarioslas llagas y los verdugones que la penca del cómitre había hecho en susespaldas
desnudas.
Atacados los corsarios por todas partes, no pudieron resistir. Aunquevendieron caras sus
vidas, perecieron los más valientes y el capitánargelino, rindiéndose a discreción los otros, que
fueron aherrojados yconvertidos en nueva chusma.
Morsamor pasó en triunfo a la conquistada galera. Resonar de clarines,vivas, altos aplausos y
el estampido de algunos disparos de losfalconetes solemnizaron la victoria. Con lamentos y hasta
con lágrimasse deploró la muerte de Fréitas y de las otras víctimas.
Para escarmiento ejemplar y para dar testimonio del brillante éxito deaquella lucha, Morsamor
mandó colgar el cadáver del capitán argelino enel mástil de la galera, sobre el cual dispuso que
se izase la bandera deCastilla.
Rodeado de Tiburcio, Cartagena, Fray Blas y otros, se hallaba Morsamorpresenciando aquella
maniobra y recibiendo plácemes, cuando a deshoraapareció una rubia y majestuosa dama,
vestida de luto, y se arrojó enlos brazos de Morsamor y cubrió su rostro de besos,
exclamandoentusiasmada:
—¡O givia ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!
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