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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

el del acero y las entrañas como las del tigre. Así se absolvióde su pecado, si le hubo, en la
muerte de Tomás Cardoso. Así se calificóhasta de benigno. No por eso en absolución fue
acompañada de alegría,sino que sintió pesar más negro en el fondo del alma al imaginar
cuándifícil era, sin culpa, sin estrago y muerte, conquistar por la acciónla suspirada gloria.
Sustrayéndose luego a las tristes reflexiones de su harto exageradopesimismo, Morsamor
preguntó a Juan de Cartagena:
—¿Y quién es este que Magallanes dejó abandonado en tu compañía?
—Este—respondió Juan de Cartagena—fue quien más nos solevantó yalborotó con sus
discursos. Es un fraile cordobés, llamado Fray Blas deVillabermeja.
Morsamor fijó entonces su atención en el fraile, le reconoció, fue haciaél y le echó los brazos
al cuello.
—¡Querido Paisano!—le dijo—. Cuánto me alegro de poder servirte yvalerte en esta ocasión.
Tú eres de un lugar que apenas dista un cuartode legua de mi patria, Zuheros.
Morsamor y también Tiburcio reconocieron en el fraile abandonado a unantiguo colega del
mismo convento en que ellos habían vivido, pero elfraile no reconocía a ninguno de los dos por
más que maravillado loscontemplaba. Se lo impedían el mágico remozamiento del uno y la
gallardae insolente apostura del otro, tan distinta de la humildad claustral quehabía afectado
cuando era novicio. Pero sin que le importase muchoreconocerlos o no, Fray Blas de
Villabermeja se dejó querer y agasajar ydio gracias al cielo que de su abominable destierro le
libertaba.
Después de tan raro encuentro, la historia de la navegación de la nuevaArgo nada notable
ofrece ni refiere durante más de cuarenta días. Sólose sabe que Morsamor fue tan venturoso, que
navegó con velocidadincreíble. Al fin vino a hallarse a corta distancia, casi a la vista deSagres,
como si la Providencia dispusiese que en el punto que habíahecho famoso el Infante don
Enrique, iniciador de los grandesdescubrimientos, terminase su viaje el hombre que iba a cerrar
el cicloy a dar comienzo a nueva Era.
-XL-
No todas las dificultades se habían allanado. Nadie hasta el fin puedecantar victoria. A veces
el más hábil auriga, al ir a alcanzar la palmasalvando la meta, suele tocar en ella y dar lastimoso
y mortíferovuelco.
De repente vieron Morsamor y los de su nave un gravísimo peligro quevenía sobre ellos, de
que ya no podían esquivarse con la fuga y que eramenester arrostrar con heroica y casi
sobrehumana valentía.
Una enorme galera se aproximaba dándoles caza. En su proa y en su popatenía sendas
bombardas, y tres falconetes en cada costado. Estrecho erael barco de babor a estribor, y la
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