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Morsamor Peregrinaciones Heroícas y Lances de Amor y Fortuna de Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda

Para los demás frailes y para el resto del humano linaje no iniciado, elPadre Ambrosio jamás
hablaba de su ciencia oculta, pero discurría confácil elocuencia sobre todo cuanto del saber
paladino o no oculto sealcanzaba en su época, y trataba de viajes, de planes políticos y decuanto
presumía que había de suceder en el mundo o que convenía quesucediese.
Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que, a su vuelta deRoma, trajo el Padre
Ambrosio embargado el espíritu.
-V-
El Padre Ambrosio era inagotable en las descripciones y pinturas decuanto había visto en
Roma y de los grandes sucesos que allí habíapresenciado o que había allí comprendido mejor por
encontrarse él en elcentro del mundo.
Cada día, en el extremo de la huerta, bajo los álamos frondosos, hacíael Padre Ambrosio un
largo discurso que frailes y novicios escuchaban enreligioso silencio. No siempre comprendía la
mayoría del auditorio todocuanto el padre describía o contaba; pero, hasta lo menos
comprendidotenía un no sé qué de peregrino y poético que deleitaba y cautivaba laatención.
Los discursos del Padre Ambrosio eran como una serie de lecciones en lascuales instruía a sus
oyentes y les mostraba el estado del mundo, en laedad aquella, y contemplado todo desde el foco
mismo de la civilizacióncristiana. A veces pintaba el Padre el florecimiento de las artes,
yencomiaba las obras pasmosas de Leonardo de Vinci, de Rafael y de MiguelÁngel, que venían
a eclipsar las obras del arte antiguo, o a competir almenos con las que resurgían y se extraían del
seno de la tierra, endonde habían estado sepultadas durante largos siglos de obscuridad y
debarbarie. Pugnaba el arte nuevo por imitar el antiguo, pero la misma novencida dificultad de la
imitación daba ser a un arte distinto.
Algo semejante ocurría en ciencias y en letras humanas. Comentando,explicando e
interpretando los antiguos filósofos, como Platón yAristóteles, se formaba una nueva filosofía, se
abrían esplendidos ydilatados horizontes, y se descubrían caminos y términos con los
queAristóteles y Platón jamás habían soñado. Como si la tierra de Italiaestuviese fecundada por
un espíritu nuevo, hasta los prófugos de laantigua Bizancio, que habían traído como penates la
ciencia y las letrasde los antiguos, las transformaban, al transmitirlas y enseñarlas a lositalianos,
en algo lleno de novedad, de vida y de sugestión poderosa.Esos mismos prófugos, que sin dejar
huella, mudos e inactivos, hubieranacabado en el viejo imperio de Bizancio por disiparse como
sombras y porhundirse en el olvido, arrojados de su patria y en el nuevo suelo queles daba
hospitalidad, habían cobrado inesperada energía, y, difundiendosu saber, cumplían alta misión
civilizadora y dejaban en pos de ellos unimperecedero y luminoso rastro. En la magnífica puerta
de la edadmoderna, arco triunfal que daba entrada a una nueva Era, esos hombres,escapados de
las ruinas de un destrozado imperio y como exhumados yvueltos a la vida, figuraban y
resplandecían ahora entre los fundadoresde nueva y mayor civilización, entre los hierofantes de
la ciencia delporvenir. Bessarión, Láscaris, Teodoro Gaza, Juan Argirópulos,Chrisóloras,
Jemistio Pleton y no pocos otros fueron los iniciadores ymaestros del saber antiguo y como los
paraninfos que procuraron yconcertaron las fecundas bodas del poderoso genio del renacimiento
y dela musa helénica.
 
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